miércoles, 5 de septiembre de 2012

Llamas telefónicas

Llevo una semana sin coger el teléfono a nadie. La situación me mantiene en vilo, es un sinvivir, no puedo verlo de otra manera. He dejado de comer. Respiro poco. No hablo mucho.

Todo empezó una tarde hace apenas siete días. Estaba recostado en el sofá viendo una reposición de la serie Bones. Me gusta Bones, pero me había dormido. Nunca termino de verla del todo, en algún momento me duermo, doy una cabezada, y eso hace que los casos que allí se resuelven sigan como un misterio en mi cabeza. De pronto noto la vibración del móvil sobre el brazo del sofá. Cuando consigo estirar mi brazo y alcanzar el teléfono, quien quiera que sea aún insiste. Es alguien conocido esta vez. No siempre es la misma persona. Lo veo en la pantalla, sonríe, porque en esta ocasión tengo una foto vinculada a su número, pero no descuelgo. Qué querrá me pregunto, pero no me atrevo a pulsar el botón verde y dejo que siga sonando, en puridad debería decir vibrando.

Y así invariablemente y llame quien llame. Lleno de dudas. ¿Qué querrá o qué querrán? ¿Por qué me llaman? ¿Será importante? Y me quedo mirando la pantalla del móvil durante unos segundos y no sé. Tan sólo abrigo la esperanza de que vuelva a sonar y entonces tal vez alcance a dar con la respuesta.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Colgado

No todo han de ser desventajas. Cuando has conseguido levantarte, a tu pesar, encuentras que la pantalla de tu móvil vibra de gozo. Tienes un whatsapp. En realidad tienes cincuenta o cincuenta y siete. Todos bienintencionados. Todos de amigos. Pero tú en realidad quieres seguir durmiendo o viviendo en voz baja, como en verano, donde un paréntesis enorme no terminara nunca de cerrarse. 

A mí me gustan los whatsapp porque me dejan vivir, dicho sea de paso, como la bandeja del correo electrónico, donde aguardan aletargados todos los mensajes,  todas las ofertas que no has atendido y que en consecuencia te has perdido nada solícito, durante casi un mes. Así no hay manera de medrar sin ese fin de semana en un resort con cata de vinos o ese habitación de hotel a sesenta kilómetros de La Castellana. Tienes dos llamadas perdidas, un mensaje en tu ordenador para que con cierta urgencia atiendas al protocolo de seguridad, un requerimiento de actualización de tu software.

Así que puestos a luchar con las máquinas haces lo que has aprendido de ellas y como todo no van a ser desventajas te quedas colgado, al lado de tu nombre pones "Este programa no responde", añades "podría no estar funcionando correctamente". Y ese es tu estado: el de la buena venturanza del que anda consigo mismo y finge que aún queda verano.



Dedicado a mis amigos del chat "Los de las cervezas"

domingo, 2 de septiembre de 2012

Hombres en la luna


Me hice seguidor de los REM justo el mismo día en el que rechacé unas invitaciones para ir a uno de los pocos conciertos que daban aquel año. Lo hice por despecho. La chica con la que salía no se lo merecía, así que nos quedamos en casa, en alguna casa, es un decir, a punto de ir al concierto de los REM pero sin ir. Aquello fue el tormento del verano. Todos los días me lo recordaba, me decía que habíamos estado a punto de ir al concierto, pero que no habíamos ido. A mí todo aquello me parecía una obviedad que no me molesté ni en contestar. 

Tarareaba man on the moon, para mí y, aunque parezca increíble, la frecuencia de mi silbido o de mi balbuceo, según la ocasión, anulaba su vocecilla insoportable. Siempre me ha quedado la duda de si ya me engañaba y de si de ser así también atormentaba a su querido con la misma cantilena –esa sería su penitencia- y si él hacía lo mismo. Posiblemente encontraría su propia canción, aunque uno no podía recurrir a temas melifluos y de poca entidad, porque su voz era insoportable puesta en el modo de reproche, in-so-por-ta-ble. 

Así que por mi parte fui probando con otros temas. A veces todavía creo oír su voz por debajo de alguna canción y entonces comprendo el bien que me hice al declinar aquella invitación. Es casi imperceptible, durante unas décimas de segundo, entonces intento obviarla y como el que no quiere la cosa subo el volumen.

martes, 14 de agosto de 2012

Un poema inédito en el blog de Antonio Gracia

Aquí os dejo uno de mis poemas-bagatelas. Es parte de un juego que no puedo desvelar. Espero que lo disfrutéis. También espero que lo uséis, si es el caso.



http://antoniograciaoniria.blogspot.com.es/2012/08/un-poema-de-antonio-aguilar-rodriguez.html



14_lista de comidas para la semana


El lunes te meriendo,
te ceno el martes,
el miércoles rebaño
tu cuerpo con mis dedos,
el jueves te relamo,
el viernes muerdo tu mentón
como una fresa,
y el sábado devoro
constelaciones de lunares
en tu cintura.

Tan sólo ya nos queda
decidir en qué lado de la cama
desayunamos el domingo.


© Antonio Aguilar Rodríguez (Inédito)

martes, 7 de agosto de 2012

El guión

Este verano no gano para sustos. Estoy leyendo una novela y todos los personajes hablan de mí. Es raro, pero es así, no hay otras opciones. A veces las hay, pero hoy no. Todos los personajes sin excepción hablan de mí. Así que he suspendido mi vida, y las de mis otros yoes, todos reconcentrados en estos días de calor en una pequeña habitación donde estamos encerrados con un ventilador y este libro. Le he dado al pause, a ver qué pasa, a ver por dónde sigue el autor, quién sabe, lo mismo las páginas restantes se quedan en blanco o encuentro un mapa por donde seguir y alcanzar eso que algunos llaman futuro.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Rectificable

No escribo desde hace unas semanas. Sale el sol no obstante todos los días, es una manera de ningunearme, pienso. Qué está pasando. Anoche en un gesto teatral dije, Antonio A. ya no es poeta, hace casi diez años que no publica y luego rectifiqué, y qué pasa con Dame tus manos. Qué curioso, con el cariño que he puesto en cada uno de esos poemas, así que quise rectificar la frase y decir, Antonio A. no publica desde casi diez años de forma individual y entonces pensé en esa plaquet Pequeña caja de tormentas y tuve que rectificar de nuevo. Eran demasiadas rectificaciones y la persona que descansaba a mi lado ya se había quedado dormida. A quién le iba yo a enmendar la plana, a rectificar nada a esas horas. Llamar a mis padres me parecía excesivo. El whatsaap no iba a funcionar, seguro que nadie se daría por aludido. Así que intenté conciliar el sueño y no pude, al menos durante cinco minutos. Tengo móvil nuevo y me dediqué a reordenar las aplicaciones en su pantalla inicial durante cuatro minutos y quince segundos, así que pasado ese tiempo me di cuenta de lo absurdo de todo y dejé de organizar y rectificar y disponer las cosas. Qué coño. Estiré el brazo, toqué a mi chica que al otro lado de la cama intentaba también dormir y noté su calor, notar otra cosa en estos días casi se hace imposible, también noté su paz y me quedé dormido.

martes, 17 de julio de 2012

Simetrías de verano

El verano es asimétrico, porque tiene dos partes desiguales, tal vez tres, así acentúa su asimetría. Es como mi sordera temporal, espero. Mi sordera en sí no es asimétrica, es simplemente una molestia mayor de lo que pensaba en un primer momento, cuando empecé a hurgarme con el bastoncillo en el canal auditivo. No podía imaginar las consecuencias. El placer tampoco fue el esperado. El alivio inexistente. Sordo de un oído. Y no de los dos. Lo que podría parecer un cierto consuelo.

Ahora veo las cosas a medias precisamente porque todo anda a medias. Acabo de leer el libro de David Mazzucchelli Asterios Polyp. Pero no es lo mismo. No es que sea peor, es diferente. Es como salir a pasear contigo, es diferente. Lo que dices es diferente, como el verano, porque tengo que hacer un esfuerzo para escucharte, poner toda mi atención en ello - y lo hago y quiero hacerlo-, la atención de mi oído sano en escucharte, en oír cada una de tus palabras.

Así que desde que me he vuelto asimétrico me he dado cuenta de que no escucho más por un oído que por otro sino que simplemente escucho. Me estoy acostumbrando y veo, perdón, escucho que la gente tiene muchas cosas interesantes que decir.