viernes, 23 de abril de 2010

Creactiva. Aljucer 2010.


Mañana el Salón de los pasos perdidos y su hermana la Pequeña caja de tormentas se trasladan a Aljucer invitado por la ascioación Creaticva. A las once en el Centro de la Mujer.

Hablaremos en una primera sesión de la escritura como acto íntimo o social. Después, tras un descanso retomaremos las actividades a las doce con una lectura de los escritores participantes.

Y seguro que además hace buen día.

sábado, 17 de abril de 2010

Odette una comedia sobre la felicidad


Esta tarde he estado viendo Odette una comedia sobre la felicidad. En realidad quería dormir un rato, descansar, porque esta tarde quería terminar un cuento en el que llevo unos días trabajando, un cuento sobre dos amantes que al besarse se... bueno, aún no saben lo que les pasa al besarse y creo que sería un poco obsceno que se enteraran al leerlo en este blog, demasiada vida propia aquí, pensarían y estarían en lo cierto. Pero no, no me he dormido. He buscando entre las películas que ponían y me he quedado con Odette, pensando que su carácter liviano me ayudaría a conciliar el sueño y en un principio creí que lo iba a conseguir pero enseguida he abierto los ojos al ver como Odette sobrevuela las calles de su pequeño pueblo y se reprende, Odette, calmate, para volver a poner los pie en el suelo.

Odette trabaja en unos grandes almacenes, vive con una extraña familia, el hijo peluquero, la hija emparejada con un extraño ser que vive entre la abulia y la exasperación, tiene colecciones de muñecas, su casa es un tanto kitch, su dormitorio está adornado con un póster de dimensiones gigantescas donde dos sombras se besan contra la luz crepuscular de un sol iridiscente. Trabaja además en casa arreglando los adornos de las bailarinas del folies bergère, asiste a toda la trupe, los cuida, vela por ellos. Aparentemente la vida de Odette es una vida anodina.

Mientras en París el escritor Balthazar Balsan asiste en televisión a una de las peores críticas sobre su obra. Un crítico enervado por los argumentos de Balthazar le acusa, entre otras cosas, de que escribe para cajeras, dependientas, peluqueras. Que escribe, en definitiva, para Odette.

Las vidas de los dos se cruzan cuando el escritor se refugia en casa de Odette deprimido. Él lo tiene todo para ser feliz pero no lo es. Ella aparentemente no tiene muchas cosas para ser feliz, pero lo es al abrigo afectuoso de sus hijos y del recuerdo de un malogrado esposo, su Antoine.

No sé por qué me han entrado unas ganas terribles de escribir sobre Odette. Es una película extraña, entre la ironía y la incredulidad. Al buscar en google el nombre del director Eric-Emmanuel Schmitt no he encontrado otros precedentes en su obra, al contrario, es un hombre de teatro, ensayista, novelista. Es por ejemplo el autor del libro El señor Ibrahim y las flores del Corán cuya adaptación cinematográfica llevó a cabo en 2003 François Dupeyron.

Odette posiblemente no sea una gran película, pero el personaje de Odette me ha emocionado. Tiene una estética cercana a los episodios de Pipi Langstrump y cierto aire a lo Amelie y, por qué no, tiene igualmente ciertas escenas que recuerdan a Dreyer, como Jesús ascendiendo unas dunas con un travesaño de madera a cuestas. De repente me he visto riendo, sonriendo, asistiendo a algo feliz, cuando hay tan pocas cosas aparentemente felices últimamente en el mundo. Contra todas mis convicciones sobre el amor, Odette despliega una serie de argumentos que no comparto pero que he disfrutado, porque Odette, la película y el personaje, no impone su discurso sino que lo ofrece, no quiere que tú pienses como ella, no es un adoctrinamiento, pues siempre deja abierta la puerta a la ironía, a que pensemos que todo es una broma infinita.

Odette, dependienta de unos grandes almacenes, madre, viuda, creyente, un día se desmaya y al abrir los ojos se encuentra con Balsan que ha aprendido, como si hubiera ido al psicólogo, que lo primero que uno tiene que hacer en la vida, para ser feliz es conocerse a sí mismo y aceptarse.

Al final se compran una casa en la playa y ascienden a la luna.

viernes, 2 de abril de 2010

Escribir en Verona






Yo no sé tantas cosas,
el nombre de esta plaza, por ejemplo,
si esta luz es tan sólo
aquí, ahora, una parte más
del escenario,
o si es de ti de donde fluye,
fuente de vida,
canción del agua
que se ha de silenciar
cuando te marches,
Nuria, y dejes a oscuras
las calles de Verona.

viernes, 26 de marzo de 2010

Vacaciones



Pasan las horas y me pongo más nervioso, pero es la inquietud de la alegría. El deseo de que todo salga bien, aún sabiendo que en un viaje las cosas no salen ni bien ni mal, salen, simplemente, como en la vida y lo demás depende de nosotros.

No sé decirlo de otra forma. Las vacaciones, el verano, tú y yo.

lunes, 22 de marzo de 2010

Concha Martínez Barreto, mi heroína.


Aunque mañana madrugo y me levanto a eso de las cinco de la mañana, no quería acostarme sin escribir algo especial en mi salón de los pasos perdidos. Llevo una semana en la que siempre me acuerdo tarde de los otros, tarde del cumpleaños de Diego -aunque intentaré apañarlo con un mensaje que aluda al ritmo de la noche- tarde del santo de Alberto, que en realidad es José Alberto, y se sirve de uno y otro nombre según sus intereses malvados, tarde en no sé qué que alguien se encargará de recordarme cuando sea ya tarde para subsanarlo.

Pero hoy no quiero llegar tarde y tal vez sería algo tarde si escribiera esto cuando volviera de viaje. Mi amiga Concha expone. Han pasado muchas cosas en estos últimos años en su vida y, por qué no, en la nuestra, en esta parte de la vida que ha sido en primera persona del plural. Y de esa parte yo me quedo, sin lugar a dudas, con aquellos recreos en los que iba a buscarme a la biblioteca.

Mi querida Concha expone. Y yo me siento muy feliz porque es una de mis heroínas junto a Ana Martínez, y me encantaría que algún día ilustrara mis poemas, los recrearan las dos, les dieran una nueva vida con piel de lienzo o plático o fibra de vidrio o yo qué sé, porque el arte cambia continuamente, se nutre de todo, de todo se vale.

Querida Concha sólo he escrito esto para recordarte que en mi corazón siempre tienes un huequecito en vecindad con el Sánchez-Carrasco, y también recordarme que aunque mi corazón es amplio y confortable, yo prefiero imaginarte en tu estudio pintando y con sus ventanas abiertas al infinito.

P.d.: Ay, perdóname por la foto, pero es que no he podido evitar la tentación. Por cierto, ya informaré del lugar y de las fechas.

jueves, 18 de marzo de 2010

Otro salón de los pasos perdidos hallado en una página de internet


La primera foto la encontré en internet y de pronto me asombró. Pensé, es mi salón de los pasos perdidos. Las otras dos son fotos de Encarna o de Jose, que no sé quién llevaba la cámara.

miércoles, 17 de marzo de 2010

La poesía como una caja de tormentas. Visita al IES Santa María de los Baños de Fortuna


Yo me encontré con mi caja de tormentas por casualidad, un día buscando no sé qué de entre no sé qué otras cosas. Asómbrate, porque mi caja de tormentas tenía la forma de cualquier caja, ni más ni menos, una caja de cartón y además vacía. Al principio pensé en tirarla, en ponerle la etiqueta de “caja inservible”, pero pronto, al mirarla de otra manera, al darle la vuelta, me di cuenta de que podía servir para llenarla de cosas y empecé poco a poco a ir guardando los recortes de mi vida.

Un día leí entre sueños “El poeta Antonio Aguilar se ha enamorado” y al despertarme lo eché a la caja. Después, mientras iba por la calle ensimismado leyendo unos titulares del periódico me encontré con un pensamiento “Si el amor es bueno, enamorarse tiene que ser la leche” y lo eché también a la caja. Eché unos ojos entre verdes y azules, el recuerdo del mar, el paso del tiempo, pero no sólo el paso del tiempo que nos agobia porque no nos ha dado ese mismo tiempo a hacer nada, a hacer esto o aquello, sino el paso del tiempo que se ralentiza hasta llegar a ti, el de la impaciencia hasta que tú me escuchas. Y guardé también ese TÚ mayúsculo en mi caja de tormentas.

Pero las cosas por sí solas, como ideas, tienen querencia de las formas, pensé. Es decir, me dije, de forma más clara, necesitaba una hebra para ir tirando, para desenredar el ovillo de mis sentimientos, porque enamorarse es fácil, pero otra cosa es contarlo, es ponerlo por palabras. Afortunadamente en mi caja de tormentas encontré por azar un paralelismo, algo que había hallado días antes en una conversación entre dos señores. “La casa estaba llena, -le dijo el más alto. -Tu hijo parecía alegre –añadió el que a la sazón no tenía más remedio que ser el más bajo. Y me quedé con eso, con el sujeto (determinante y nombre, cogidos de la mano), con el verbo, con atributo. Y entonces me puse a escribir con mi caja al lado, con mi caja que había agitado una, dos, y hasta tres veces. Y escribí:

“LA CASA ESTABA LLENA
EL MAR VENÍA CANSADO
LA TARDE TRAÍA UN POCO DE LLUVIA
TUS OJOS ESTABAN CERCA
MIS MANOS ESTABAN LEJOS”.

Pero al leerlo me di cuenta de que podía cambiar cosas, de que podía podar aquel árbol, darle otra forma, un hermano gemelo. Y seguí:

“LA CASA ESTABA LLENA contigo,
Contigo (añadí porque así encadenaba los versos) EL MAR VENÍA ¿CANSADO? (y lo taché, y pensé, contigo el mar sólo podía venir alegre, muy alegre)
LA TARDE TRAÍA UN POCO DE LLUVIA
Pero (y escribí “pero”, porque no importaba la lluvia, ni las nubes si…) TUS OJOS ESTABAN CERCA, y aunque en un principio pensé que escribir que “mis manos estaban lejos” era una manera de acentuar el deseo, luego pensé que no, que aunque me gustaba el primer poema, éste también podría tener un hermano gemelo algo más feliz, más mío y dije:) Y MIS MANOS ESTABAN CERCA”.

Porque las manos tenían que estar cerca, cerca porque las manos son las que tocan, las que nos hacen que las cosas parezcan de verdad, las que palpan para asegurarnos que esto está ahí, que tal vez seas tú, que tu piel es suave, que tus palabras salen de tu boca, de tu cuerpo que también eres tú, la mitad de ti que puedo tocar, sentir, ver, oler.

¿Y así quedó la cosa?
Pues no lo sé porque las cosas tienen su tiempo y quién sabe dónde van a terminar, pero lo que sí empezaba a tener claro era lo que una caja de tormentas debería de tener dentro, y empecé a enumerar:

-TIEMPO. Para que todo se cueza en su tiempo justo. Ni antes, ni después. Justo en el momento oportuno.

-OJOS QUE MIRAN Y VEN.

-UN CORAZÓN QUE SE SORPRENDE.

-UN MONTÓN DE PALABRAS. Palabras mágicas porque lo mismo sirven para comprar el pan que para decirte lo que te quiero, lo que te odio, lo que te echo de menos, lo bien que estoy solo, lo feliz que me hace ser tu amigo, pensarte, escribirte, abrazarte…

-SIEMPRE LA MÚSICA. No es lo mismo decir que cantar, cantando las penas se espantan, las nubes se…, ritmos, cosas que se repiten, palabras, acentos, como las gotas de lluvia en la ventana, como las olas del mar, como los días uno tras otro… como el ruido del boli sobre la mesa, como las palmadas del profesor de taekwondo.

-Y UN TÚ QUE SERÁ UN YO CUANDO ESCRIBAS, un yo expansivo que quiere compartir con los demás su experiencia de vivir.

Fortuna, 16/03/2010.