jueves, 2 de febrero de 2012

Un momento para Wislawa Szymborska

Es imposible dar hoy esa noticia. Imposible. Otra cosa, le dice el director de la emisora donde trabaja, un hombre hermético, que en sus ratos libres, no obstante, lee poesía y esboza sobre un papel en blanco líneas que nunca ha dejado que nadie lea, un hombre que alberga la esperanza, sin más, no la esperanza de algo sino la esperanza en sí.

Hable de impuestos, le dice,  de Ángela Merkel, de vivo en el lío de sin vivir en mí. Del Costa Concordia. Seguro que queda algo por decir del Costa Concordia, de verdad, a poco que lo intente. Hable del premio Novela Breve que acaba de ganar Javier Calvo, el de Los ríos perdidos de Londres, que debió comprarse en el aeropuerto de Alicante hace años. Hable de cómo hace otros quince años, tal vez más, leyó en la prensa cuatro poemas de Wislawa Szymborka, los únicos poemas que, crees, por entonces había traducidos de la autora polaca, que acababa de ganar el Premio Nobel de Literatura. De la publicación posterior de Paisaje con grano de Arena, que leyó posiblemente en la edición de Círculo de Lectores y no en la de lumen, no por nada, simplemente porque por entonces era socio de eso que hoy ha terminado siendo una revista exclusiva de novedades cada vez con menos crédito.

A poco que lo intente recordará las tarde de lectura, sentado en la mesa donde preparaba las oposiciones, con el libro de Wislawa entre las piernas -no en referencia obscena. Era la manera de protegerla de la historia de la literatura que ojeabas llena de cadáveres y de monumentos-. Hable de los libros posteriores que fuiste leyendo, de la verdad sencilla, de la palabra ácida que no obstante no debaja de perder la calidad humana, de la ironía, del compromiso con la restitución de una vida mejor que, de verdad, es posible, al menos lo era entonces. Refiere los libros Instante, Dos puntos, los dos publicados en Igitur. De las dudas en el corte-inglés frente a Aquí, publicado esta vez por Bartleby, y que siempre te pareció muy caro, demasiado caro.
Lea, si le parece bien, aquel poema desolador de Escribiendo el curriculum, tiene mi visto bueno, léalo:

¿Qué hay que hacer?
Presentar una instancia
y adjuntar el currículum.

Sea cual fuere el tiempo de una vida
el currículum debe ser breve.

Se ruega ser conciso y seleccionar los datos,
convertir paisajes en direcciones
y recuerdos confusos en fechas concretas.

De todos los amores basta con el conyugal,
los hijos: sólo los nacidos.

Importa quién te conoce, no a quiénes conozcas.
Viajes, sólo al extranjero.
Militancia en qué, pero no por qué.
Condecoraciones sin mencionar a qué méritos.

Escribe como si jamás hubieras dialogado contigo mismo
y hubieras impuesto entre tú y tú la debida distancia.

Deja en blanco perros, gatos y pájaros,
bagatelas cargadas de recuerdos, amigos y sueños.

Importa el precio, no el valor.
Interesa el título, no el contenido.
El número del calzado, no hacia dónde va
quien se supone que eres.
Adjuntar una fotografía con la oreja visible:
lo que cuenta es su forma, no lo que oye.
¿Qué oye?
El fragor de las trituradoras de papel.


(En Paisaje con grano de arena.. Lumen y Círculo de lectores, 1997)


O este Mañana-sin nosotros, tan desgraciadamente bien traído a la realidad, y después no diga nada, ponga música, algo ligero:


Se esperaba una mañana fría y con niebla.
Por el oeste
Se avecinan nubes de lluvia.
La visibilidad será escasa.
Condiciones adversas para la circulación.

Según avance la jornada, la gradual
influencia de una cuña anticiclónica por el norte
hará posibles algunos claros.
A pesar de ello, ráfagas fuertes y racheadas de viento
Pueden ir acompañadas de tormentas.

Por la noche,
cielos despejados en casi todo el país,
sólo en la parte sureste
podrían darse algunas precipitaciones.

Las temperaturas bajarán considerablemente,
pero aumentará la presión atmosférica.

El día siguiente
se anuncia soleado,
si bien a los que siguen viviendo
todavía les será de utilidad el paraguas.

(En Dos puntos. Igitur. 2007)

miércoles, 1 de febrero de 2012

Escritos en tinta negra

No sabía que mi amiga María Ángeles Moragues había publicado Escritos en tinta negra . El libro se publicó en 2008 en la sello editorial Tres Fronteras y ahora puedes verlo en la biblioteca de google. En esta obra que recoge parte de su creación como crítica aparece un artículo titulado La suplantación literaria en El otoño encarnado de Ives de la Roca. Se trata de un artículo donde hace una revisión crítica de mis tres libros publicados hasta el momento.

Muchas gracias, María Ángeles.

lunes, 30 de enero de 2012

De Los inmortales a La dama de blanco

Estoy leyendo una novela de Philip Roth, llevo unas cincuenta páginas, en esas cincuenta páginas hay más literatura que en las últimas diez, veinte, treinta últimas novelas que he leído. Desde Las hermanas Grimes de Richard Yates no había vuelto a disfrutar con una buena novela. En el peor de los casos me encuentro con un libro sin voluntad, me da pereza explicar esto, la verdad, porque todos en algún momento nos hemos encontrado con libros así, la sección de novedades de los grandes almacenes está llena de este tipo de libros, también las librerías. Tienen su sentido, su momento y sobre todo  su público. Ya no  es que cuenten mal o que no hayan encontrado una trama interesante, es que lo están haciendo de una manera llana, sin ningún deseo ni aspiración, puro relato sin voluntad, que no imita el discurso cotidiano sino que es simple y llanamente discurso llano. Poco más. 

José María Pozuelo hace en el cultural del ABC la crítica de la última novela de Manuel Vilas, Los inmortales,  y termina con una coda interesante. Aunque la reseña es favorable, critica algunos momentos en los que Vilas, siempre según la opinión del profesor Pozuelo, no está a la altura de sus lectores de verdad aquellos que son los que a la larga importan más allá de las modas del momento o del chiste que intenta epatar con determinada estética. Por otro lado, veo en uno de esos grandes almacenes España de Vilas publicado en bolsillo. Otra colección de cuentos con voluntad de novela.

El sábado en El País encuentro un artículo de opinión que vuelve a matar a la novela. Se queja alguien de que no han desaparecido las novelas sino los lectores de novela. Joder cómo está el patio. Y nosotros entretanto le regalamos a Laura, que aguarda en el hospital a su criatura, La dama de blanco de Wilkie Collins.

jueves, 26 de enero de 2012

Diez minutos para una rectificación

Esta mañana me he levantado con una canción de Belle and Sebastian. Cuando pertrechado del frío iba por la calle la canción continuaba a mi lado, de pronto era un extraño pájaro en mi hombro, desde allí proporcionaba a la realidad una luz mortecina de felicidad y pérdida y también de reencuentro y de tristeza. Todo eso y un poco más.

Hace unos años publiqué en  La Opinión de Murcia un artículo en el que ponía a parir a Isabelle García Molina. Me ahorro los detalles que me llevaron a escribirlo, porque si los relato parecerá que me exonero de aquellas palabras, que, también es cierto, escribí con la premura de lo que consideraba una injusticia y la falta de meditación de la juventud. Entonces me preguntaba, ¿Es Isabelle uno de ellos?, en alusión a esos gestores de la cultura a los que la cultura les importa una mierda y lo único que quieren es hacerse un nombre.

Hoy tengo que decir que no, que Isabelle no es uno de ellos. Que pasados diez, quince años, de aquello Isabelle sigue en su línea, chaqueta abotonada sobre su camisa blanca, con la honradez del cariño que destilan sus palabras, pocas, pero concisas y siempre bienintencionadas, con una voluntad limpia que a veces incluso abruma a la propia Isabelle. Ahora sé que me merezco que me salude con reticencia, pero eso es otra historia, la historia de un desacuerdo.

Ayer leyó en el Aula de Poesía Soren Peñalver, y leyó sólo durante media hora, sin esos excesos a los que nos ha acostumbrado, emotivo, inteligente, intuitivo. Lo presentó Isabelle. Fue un disfrute, pese al gallinero de figurines que van a estos actos a hacerse ver.

No sé qué dirán los Belle and Sebastian de todo esto, la verdad, pero a quién le importa. Ya no son las ocho de la mañana, hace sol y me siento bien.

martes, 24 de enero de 2012

Sobre las aguas de César Cerón


Mi amigo César Cerón ha elegido mi poema Sobre las aguas para acompañar  una de sus fascinantes fotos.Puedes verla aquí pero te aconsejo que cotillees por su página.



Aunque siente la luz entre sus manos,
y el vacío del mundo,
y el anverso y reverso de las cosas.
Aunque es áspero y suave,
y tiene en torno al corazón
capas de luz,
y adopta las posturas del hastío,
y las del sueño,
y las de la memoria.
Siempre escribe su nombre
sobre las aguas,
y como ellas es una paradoja,
una forma sin forma
porque es todas las formas.


Antonio Aguilar
Sobre las aguas en Allí donde no estuve. Rialp. 2004.

lunes, 16 de enero de 2012

Greenaway en Málaga


Termino de leer Pan comido. Estoy en mi casa, en Murcia, empecé a leer el libro en Málaga junto al mercado de las Atarazanas. Yo me compré un libro de Rafael Pérez Estrada, Nuria me regaló éste de Isabel Bono publicado en Bartleby. Últimamente llevo muchos libros entre manos. Es una cuestión puramente de apetencia. Ian McEwan y su última novela, digo, tienen la culpa. Porque me aburrí infinitamente con ese científico de Solar que ve cómo su mujer le es infiel sistemáticamente y él sólo espera encontrar con quién devolvérsela ¿o lo consigue? No lo recuerdo, porque a eso de la página 100 más o menos lo dejé aparcado. Acababa de volver del polo norte y se había incorporado al centro donde, este premio Nobel, dedica todo su esfuerzo a la producción de una turbina de viento, que seguramente abandonará a favor de otras energías. ¿El sexo?, me pregunto.

Así que estoy terminando de leer Pan comido de Isabel Bono y sucede. Una de esas casualidades, de alguna manera como una de esas piezas de puzzle que colecciona Javier Moreno.

“Escribe tus iniciales en mi espalda con un pincel
como en aquella película de Greenaway
que nunca llegué (ahora) a entender.”

Hace un par de años me dio por ver películas de Greenaway. De unas disfruté más, de otras menos y de otras no sabría definir qué tipo de experiencia me proporcionaron. Sólo recuerdo que no dejé de acordarme de El vientre el arquitecto cuando estuve cenando en Roma enfrente del Panteón de Agripa, en la misma trattoría donde cena el protagonista con sus invitados. En fin, de Greenaway, entre otras cosas, me quedó una escena de The Pillow book, la del anciano que dibuja sobre la espalda desnuda de una joven oriental. La tengo como fondo de escritorio.

Ahora sólo falta que abra el correo y me encuentre un mensaje de Andrés García Cerdán, que hace unos años, bastantes ya, decía en un poema aquello de que Greenaway es un gilipollas.

lunes, 9 de enero de 2012

Lucía

No soy un escritor católico, ni siquiera, en el estricto sentido, un escritor creyente, pero puedo entender la devoción de ciertas personas, no ponerme en su lugar pero sí comprender hasta cierto punto su postración en la iglesia, su recogimiento en la oración. Incluso me parece loable, en una época en la que no tenemos tiempo para nada, el que haya personas que se reúnan y dediquen su tiempo a algo en lo que creen. Aunque a mí siempre me han incomodado un poco estos actos, en realidad si he seguido la homilía o he asistido a la administración de un sacramento lo he hecho movido por la devoción, digámoslo así, de los que lo celebraban, por un amor humano hacia ellos, por un deseo de estar en su felicidad.

Hace un tiempo escribí este poema para una de esas personas que sí creía y espero que siga creyendo. Así que ahora entro en una iglesia y me encuentro con esta estampa de Santa Lucía con mi poema en el reverso. No lleva firma, lo que me hace fabular con la fortuna de unas palabras que tal vez dentro de un tiempo alguien recite sin saber quién las compuso, pero que le sirven como mantra, como hilo de su devoción:

Mírame, Madre,
mírame con los ojos de la luz,

con la palma de gloria,
ofréceme tu paz,

tu mirada presente,
tus labios en silencio.

Mírame, Madre,
pon luz en esta noche,
intercede por mí,
toma mis manos, llénalas,

recrea el mundo, los relieves
de lo desconocido.

Mírame, Madre,
y méceme en el cobijo de tu noche.