martes, 26 de febrero de 2013

Realidad realidad contra realidad virtual

¿Se puede escribir una entrada en un blog mientras se siente la necesidad acuciante de ir a orinar?

Hay ejemplos, se dice, en el mundo de la literatura de escritores que escriben bajo algún tipo de privación o de dependencia o de mono. Se dice, pero ya le hubiera gustado a él encontrarse en alguno de esos estados y no en el que se encuentra ahora, con las piernas apretadas, intentando no focalizar la atención sobre la próstata y sus músculos. No pensar en mear es como echar leña al fuego y el fuego se apaga con agua.

Si Cervantes hubiera tenido que escribir una tan sola de sus páginas en estas condiciones es posible que no lo hubiera hecho, se dice, otra cosa es la literatura actual, o, añade, para ser justos, parte de esta literatura, que sí que parece estar hecha bajo estos apremios. La presión antes que la adicción.

Y se imagina redactando una nota de prensa, un artículo de opinión para tal o cual medio, y además haciéndolo así, con estas apreturas, con estas condiciones que no se lo ponen fácil. Sea breve, le han dicho, y ya no sabe qué hacer. El baño está ocupado, el ordenador está libre. Está viendo que mear virtualmente sobre esta página no le está sirviendo de nada. Por goleada está ganando la realidad realidad a la realidad virtual, donde ya estaría discurriendo calle abajo, adentrándose en la zona de los bares, sería de noche y sonreiría al pedir otra cerveza.

miércoles, 20 de febrero de 2013

No sé si podré acabar esta entrada

Desde hace un mes mi vida se ha vuelto mucho más emocinante, de hecho, ahora mismo, el gesto inocente de escribir en mi blog se ha vuelto una actividad incierta que no sé si podré concluir. De todas formas concluir es un verbo que se encuentra en las antípodas de todo lo que es mi vida.

¿Podré terminar esta entrada? Se ha dormido en mis brazos, que no es exactamente lo mismo que un hecho delictivo. Lo he mecido hasta que no ha podido más, con alevosía, es cierto, hasta que ha cerrado los ojos, que según dicen, es lo único que no ha sacado de su padre. Ha sido entonces cuando he empezado a escribir a hurtadillas que tampoco es lo mismo que escribir en voz baja, pero que se le parece bastante.

De pronto he escuchado un quejido y ya no tengo dudas, sé que no podré acabar esta entrada. 
Y lo que me importa.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Dormir


 
Cojo un libro e intento leer. Al rato me he dado cuenta de que estoy leyendo, pero que aún no tengo el libro en las manos. Compruebo de hecho que leo con los ojos cerrados las páginas de un libro también cerrado que está en otro día de otra habitación. Después de este rollo no me queda otra que echarme a dormir pero para estar en consonancia lo hago con los ojos abiertos.

martes, 5 de febrero de 2013

la felicidad hipocondríaca

Ayer leí un relato de Millás de los Articuentos. Joer, con el tío. Es un cuento feliz, una especie de historia de un hombre que no enferma, que extrañamente ha dejado de enfermar en un mundo de hipocondríamos y enfermos reales. Hasta tal punto se ve presionado por su entorno neurótico que se finge enfermo para alcanzar la felicidad.

Después de leer el cuento le dejé un sobre con dinero en negro, al menos creo que es así, en el buzón a un vecino para que me permita aparcar el coche en su plaza de garaje.

No tengo nada más que decir. Podrían ser las siete de la mañna y estoy despierto. Del fondo del pasillo llega un rumor, me adentro en esa oscuridad extraña...

lunes, 28 de enero de 2013

Manifiesto azul 13


En el último número del Manifiesto Azul, me han publicado un poema y el texto con el que abrí mi lectura de poemas en los lunesliterarios. Muchas gracias, señores.

domingo, 27 de enero de 2013

Carmilla ya está aquí


Detalle de la portada de Carmilla de Joseph Sheridan Le Fanu. Soft Edition.

Pasó hace un mes. Al principio no me di cuenta, fue tan sólo un instante, como una interferencia, que podría perfectamente haber pasado desapercibida de no haber estado yo ajustando la imagen del ordenador que controlaría en un futuro el sistema de videocámaras. En la pantalla una mujer, pese a que estaba seguro de estar solo en casa, avanzó por el pasillo hasta el salón. Corrí. Al llegar no había nadie. Volví contrariado al estudio. Miré la imagen que me ofrecía la cámara. Y de nuevo estaba allí recostada en el sofá. Era alta, vestía con un elegante vestido negro vaporoso, la tez pálida, los ojos grandes y con cierto aire de ausencia, los labios muy rojos, como si toda la vida se concentrara en ellos. Se encontraba en una actitud de abandono que no hacía pensar que hubiera venido súbitamente de algún sitio o que por el contrario estuviera a punto de irse. Cuando entré de nuevo en el salón se volvió a repetir la escena. Pero esta vez había tomado la precaución de dejarlo todo grabado. Y aunque me encontraba solo e incluso me senté en el sofá en el que supuestamente estaría sentada ella, no vi a nadie. Pero al comprobar el video vi que Carmilla, que así se llamaba, estaba allí, que me había mirado y que me había sonreído incluso cuando algo torpe me senté en su regazo. Fue entonces, a través de la pantalla del ordenador cuando me hizo un guiño directamente a la cámara y me lo dijo. “No. No me busques en la realidad. Yo sólo vivo en esta cámara, en la imagen de esta cámara y solo para ti.” Sé que es una historia de amor rara. No es la novia que uno llevaría a casa de sus padres a cenar. Pero a mí me sirve. Incluso a veces creo que ella es más real que yo, como una estrella de televisión que existe tan sólo para mí.

sábado, 12 de enero de 2013

Mi vida privada

 
Bruce Davindson
Bien, ahora que has llegado aquí, querrás saber cómo soy, tal vez te ha animado descubrir mi vida, saber de dónde soy, por dónde paso, hacia dónde voy. Si eres un empresario te conviene saber que no hay (aparentemente) reivindicaciones que a ti te afecten (tu empresa es dios y tú un ente supradivino), que escribo sin faltas de ortografía o que lo intento (pero eso tal vez ni lo percibas, total), querrás saber si suscribo alguna idea radical, a lo sumo algún movimiento románticamente obrero, si soy de izquierdas o de derechas, si fumo, si bebo, si estoy casado, divorciado o enviudé de una mujer adinerada que me dejó una pensión que me permite vivir holgadamente, de ser así no estarías visitando este perfil. De todo un poco, para ti de ese poco que te convenga. Viajo lo que puedo, aunque no dejo huella por donde paso, y si a mis estados te remites verás que no soy locuaz en exceso. Amigos tengo un montón, de verdad, sólo unos cuantos. Escucho música en el spotify, a veces pico aquí o allá seleccionando aleatoriamente cantantes, compositores, bandas, para no ponerlo fácil. Padre, solo uno, pero detesta estas tecnologías, madre protectora, abuela en este mundo, dos hermanos, dos cuñadas, tres sobrinas, cien primos y tíos a los que quiero y frecuento.

Ah, y luego tengo una vida privada, pero eso ya es otra historia.