jueves, 15 de marzo de 2012

Una propuesta para el libro Dame tus manos

Foto de César Cerón para Dame tus manos

Me he quedado pensando después de la entrada anterior en verkami y se me ha ocurrido lo siguiente. Por qué no, me he dicho, y ahora os lo digo a vosotros. 

Os voy a proponer una de las fotos nuevas y espero vuestras sugerencias de por dónde podría ir el poema, a ver qué pasa. ¿Qué expresa esta foto? ¿Qué diríais? ¿Quién la diría? ¿En qué incide? ¿Qué sentimiento veis? ¿Cuenta algo? ¿Qué cuenta? 

Las sugerencias podéis enviármelas, si queréis, a lanuevaresistencia@gmail.com o colocando un comentario en esta entrada.

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martes, 13 de marzo de 2012

Variaciones infinitas sobre lo pequeño

“La literatura -escribió- es en sí un mundo infinito, por eso traza líneas paralelas”.

“Trazó dos rectas paralelas y se adentró en el infinito”.

“Nadie podía imaginar que aquel tren en otro momento con una velocidad constante al final sería un punto y luego el infinito”.

“Cuando decidieron partir la mitad de la mitad no pudieron sospechar que les llevaría el tiempo ímprobo del infinito. Un tiempo del que por otro lado en aquel momento no disponían”.

“Decía mi padre que un reloj parado marcaba dos veces la hora exacta al día. Lo que en realidad quería decir, supongo, es que era la imagen misma del infinito”.

“Entre dos infinitos sólo disponía del instante”.

"Las líneas paralelas tienden el infinito entre su humilde colada".

viernes, 2 de marzo de 2012

Las condiciones del pájaro

Entro en la librería. He ido corriendo, en sentido literal. Me da tiempo, me digo, me da tiempo. Recuerdo cuando hace unos años cualquier salida al centro de mi ciudad pasaba por aquella librería. Ahora voy, pero es diferente, porque todo ha cambiado y uno termina ampliando sus recorridos, aunque cuando me veo vagando por las calles sin aparente rumbo fijo sé donde acabaré. 

Hay un libro nuevo de Ginés Aniorte, Las condiciones del pájaro, en su editorial de siempre, Renacimineto. Ginés parte de unos conocidos versos de San Juan de la Cruz que aparecen remedados en la cita inicial y que comparte con dos antecedentes directos como son Ramón Gaya (al releerlo, parece que he puesto san Ramón Gaya) que los tomó para Velázquez, pájaro solitario y María Zambrano que no sé ahora si los glosa en Filosofía y poesía o en Claros del bosque, por otro lado son de sobra conocidos. Estoy en la delectación del libro nuevo, de ese encuentro con las condiciones del pájaro, de su olor y su tacto, cuando salgo a la calle y me encuentro montones de basura en la plaza de la universidad -esta es una librería universitaria- bolsas de basura llenas de botellas vacías de cristal, de plástico, de mierda sin reciclar. 

Así que echo a andar y me detengo en una sombra ya más lejana, donde no llega el olor a alcohol. Dice un señor en la tele, un empresario de la noche, que quién va a vender garrafón con lo barato que les resulta comprar los licores y se ríe, cómo se ríe. Me siento en un banco y abro el libro, sé que es muy probable que alguien llame a la policía, es un parque público y estoy llevando a cabo un acto privado y placentero. Y por un momento vuela el pájaro, la celebración, el paso del tiempo, la indagación de Ginés en todo lo que nos toca de verdad.



(Ginés Aniorte ha publicado recientemente en la misma editorial Cuanto quise decir, Los azares, Nosotros -uno de sus libros más hermosos, entre la experiencia memorística y la poesía-), y el lúdico e inteligente Pensar en verso).

viernes, 17 de febrero de 2012

Manos reflexivas



Siempre he aceptado que las manos unen, que sirven para tocar. Es un pensamiento asumido, una herencia. El extrañamiento hace que las manos se desnuden, que las frases denoten una realidad de nuevo problemática: estás en sus (buenas/malas) manos, un mano a mano,  a trasmano...

Concha Martínez Barreto, una de las mecenas de nuestro libro, nos muestra en su obra otras manos, las manos del consuelo propio, del sostenimiento. En lengua existe lo que llamamos oraciones reflexivas directas e indirectas. Unas manos reflexivas, pienso, las que se lavan a sí mismas, las que se protegen pero también las que nos hacen todo de una parte. Manos que sustentan nuestro cuerpo, que enjugan nuestras lágrimas.

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miércoles, 15 de febrero de 2012

Tiempo, no historia


Aurora 2012 from Christian Mülhauser on Vimeo.

Hay fotos que cuentan una historia. Hay otras que no. No siempre sucede, tampoco creo que el fotógrafo lo pretenda. Por ejemplo, el otro día vi en el blog de César Cerón un video de Christian Mülhauser que muestra una sucesión de auroras boreales. No es un texto narrativo. No cuenta nada. Muestra. Me lo pongo a pantalla completa y le quito la música. Me sorprende la traslación del cielo estrellado sobre las auroras. Hay tiempo, pero no hay historia.

Es algo así lo que sucede con algunas fotos del libro (Dame tus manos). Hay fotos claramente narrativas, pero otras no lo son. Más próximas a la impresión poética. Al fulgor del instante.

lunes, 13 de febrero de 2012

El hilo de la narración



Escampa en el jardín.
… 
Hace años ya de todo.
… 
Un orfebre ha labrado 
las líneas de la vida 
en sus palmas abiertas. 


La foto y el texto pertenecen al libro Dame tus manos de César Cerón y Antonio Aguilar.
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Es curioso cómo uno viaja de aquí para allá, con poco equipaje unas veces -algo hemos aprendido con las compañías aéreas de bajo coste-, otras con la casa a cuestas. En circunstancias normales hay pocos viajes, muchos se quedan en nada, en polvo, en el humo de las buenas intenciones. 

Al principio en el libro sólo había fotos yuxtapuestas y poemas. El orden era azaroso, es a día de hoy azaroso. Imágenes y palabras. Pero hay algo más. Al inicio las fotos tuvieron un orden distinto. César las había ordenado en su carpeta con números, la 1 que yo entendí antes de la 2 y mucho antes de la tres. Las ordené así y así empecé a verlas. Era un orden numérico sin más, pero al darle formato al libro César las ordenó de otra manera y entonces me di cuenta, me di cuenta de que la primera vez, esas fotos que narrativamente no tenían nada que contar entre sí, en apariencia al menos, sí lo contaban, contaban algo que al ser reordenadas para el libro había dejado de existir para dar paso a otra cosa. 

Me sorprende cómo rellenamos los huecos, cómo damos sentido a los espacios en blanco, cómo unas manos suceden a otras manos y las causas, las explicaciones, los apriorismos, aparecen para dotar de un hilo a la narración. Así que cada libro tiene su narración, su historia, pese a que las escenas estén yuxtapuestas sin más. Y ya no es de nosotros, sino de ti, de quien depende que esa sea tu historia, tu camino.

jueves, 9 de febrero de 2012

Dame tus manos: Historia de una foto -notas-

 
Tanto la foto de César Cerón como el poema pertenecen al libro Dame tus manos

 Hay una foto en el libro que para mí fue el comienzo. Titubeo, tengo en mis manos las fotos de César - no son todas, ni todas llegarán al libro-, las imprimo, les doy la vuelta, las desordeno sobre la mesa y no sé qué va a pasar si es que va a pasar algo, lo que no tengo nada claro. Es cierto que quiero, pero querer no siempre es poder. Sé que llevo unos días sin saber por dónde empezar, pero sobre todo sin saber cómo empezar.

Busco en mis libretas de notas y me reencuentro con apuntes "del natural", como dibujos tomados al hilo de la vida, hebras de luz o en este caso de sombra. Así que pienso en lo fragmentario, en darle esa apariencia, frases yuxtapuestas que vayan configurando un mundo. Huyo del haiku. Necesito otra cosa, el cuerpo, sinceramente, me pide otra cosa y me encuentro con las canciones tradicionales, con el silencio de unas celdas, las estancias en penumbra de la mañana, los pasillos por donde corren los niños del colegio, la luz del patio, tal vez el venero de una fuente. No me decido por el octosílabo, me gusta la contención del heptasílabo, la detención, pese a lo narrativo inherente, de cada historia. Y luego encuentro esta voz, como un hilván, la voz de una muchacha que se ha escapado del cuidado de sus padres y de la tradición. Este es el comienzo de nuestra aventura, el de la suya y el de la mía:

Con sólo un gesto

tendió sus brazos

sobre mis brazos,

como quien tiende

un lienzo en blanco

sobre la mesa

del desayuno.




Era temprano

y aún se hablaba

como en volandas
por los pasillos.


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