lunes, 7 de septiembre de 2020

Agua al sediento

 


Anoche a eso de la una de la mañana, noté que alguien tocaba la puerta de la reja. Teníamos la casa abierta y aunque la luz estaba apagada se vería el brillo de la tele. Me asomé algo contrariado y me encontré con unos adolescentes que de manera educada me pidieron una botella de agua. Balbeceé algo y me metí para adentro sin darles agua. Mi mujer, que tiene otras ideas que no siempre coinciden con las mías, me dijo no sé qué de darle agua al sediento y ya no pude conciliar el sueño, al menos durante la primera media hora. Así que esta mañana me he puesto a tomar unas notas mientras leía "Una vida de pueblo" de Loiuse Glück y he terminado escribiendo/esbozando este poema


Quizás esa renuncia,
no dar agua al sediento,
sea la nada,
no la metáfora
sino el vacío en sí,
no dar lo que uno
ya hace tiempo que no posee.

No sé si la cosa terminará aquí, yo de momento, por si pudiera redimirme, y sin gustarme lo que he descubierto de mí, ya he preparado una botella de agua fría y unos vasos

jueves, 3 de septiembre de 2020

Basilio Sánchez en la Pequeña caja de tormentas

 



Hace trece años empecé con mi pequeña cajadetormentas. Un blog de lecturas. En concreto el 28 de enero de 2007. El primer texto es un poema de Adam Zagajewski, luego "Ondas de radio", el hermoso poema que Raymond Carver dedica a Antonio Machado, Anne Carson, Martín Garzo, Carold Ann Duffy, Eugenio de Andrade, Pessoa, Natxo Vidal ("Maderas y carbones"), Esquilo, Robert Frost traducido por Juan Ramón Jiménez en "Música de otros" (Galaxia Gutenberg y Círculo de lectores)... y así hasta Basilio Sánchez.

Atesoro los poemas de Basilio Sánchez, igual que los de Antonio Cabrera, como uno de mis descubrimientos más intensos relacionados con una forma de mirar el mundo ética y filosófica, especialmente los árboles en la naturaleza, a los que puedo sumar últimamente también una relectura más detenida de Lorenzo Oliván, y ciertos poetas japoneses como Shinkichi Takahashi. Con permiso siempre del botánico Haskell y su "Las canciones de los árboles" y "En un metro de bosque", los dos publicados en Turner Noema.

Felicidad de estar en estos bosques en estado puro.

lunes, 31 de agosto de 2020

Aquí estuvo Kilroy

 



Kilroy pero en una balda de la librería de unos grandes almacenes, junto a un panel con remaches metálicos, quedaba un ejemplar. Suerte la mía que me he topado con un retazo de lo que vivió Clara Janés en Kampa y luego con esta aurora de Rafael Argullol, pero sobre todo me he visto -de hecho ahora mismo estoy viendo y seguiré en cuanto acabe con el bosquejo de estas líneas- con cómo un lector aprende con lo que lee, no para ser necesariamente mejor escritor, que es algo secundario, sino para ser mejor persona. Desde hace un tiempo he descubierto que la poesía es mi espacio de trabajo personal, mi yoga, mi saludo al sol de cada día y me emociono cuando veo que transito por un camino que otros, más sabios, ya empezaron a recorrer hace algún tiempo. Gracias,

Cerezas

 



Los cerezos siempre me han acompañado. Cuando era pequeño vivía en un barrio obrero a las afueras de Murcia. El delirio de un botánico, cada calle y cada plaza -replacetas, decíamos nosotros- llevaba el nombre de una planta. Nosotros vivíamos en la calle del romero, también estaba la calle de los alhelíes, de las gitanillas... Las plazas además daban cobijo en unas jardineras al árbol que les daba nombre. Mi casa daba a la plaza de los cerezos, donde además de un pino centenario y una palmera altísima, que posiblemente estaban allí antes de que se proyectara la urbanización, había una docena de cerezos jóvenes con sus ramas rojizas y sus flores blancas que acudían todos los años anunciando la primavera. Pese al clima del sur tan poco proclive para que este árbol dé frutos los daba y los críos nos colgábamos de sus delgadas pero flexibles ramas en busca de las cerezas. Qué sabor y qué recuerdos. Creo que Kiarostami aún no habría hecho su película.


Cherry blossoms de Marcela Duque.

jueves, 2 de julio de 2020

lunes, 27 de abril de 2020

Mi lectura de ED

He venido a la biblioteca para comenzar mi lectura de Emily Dickinson.
Como en los años de la universidad necesito empezar a leer en una biblioteca, me calma, me centra.

Abro al azar el libro, empiezo por el poema 511.
Es la edición de Visor, traducción de José Luis Rey.

 “Si vinieras en Otoño
Yo barrería el Verano
Medio sonriente, y medio desdeñosa,
Como hacen las Amas de casa con una mosca”

 Las mayúsculas me desconciertan. Palabras sin un criterio claro, al menos en una lectura primera, se arrogan el derecho de las mayúsculas. Varias palabras me despiertan, el campo semántico de las labores del hogar “barrería”, “madejas”, “cajones”.

 De pronto recupero mis lecturas de Catulo, las supersticiones de los números, mea Lesbia,

 “Si pudiera verte en un año
Liaría los meses en madejas-
Y los pondría en Cajones separados,
Por miedo a que sus números se fundan-

La distancia se dilata en la condicionalidad, estaciones, años, siglos, eternidad. Y cada distancia, “insegura de su longitud” encuentra su medida: el tiempo en que se barre, el recoger la ropa, el contar los siglos con los dedos de la mano. “Si solo en Siglos, te retrasaras,” Es cierta la llegada, la tardanza no es más que una circunstancia, viene, vendrá.

jueves, 23 de abril de 2020

JGdB y la lectura de poemas

Leo en El  País

"Gil de Biedma, inteligentísimo, aseguraba que lo esencial al leer por primera vez un poema no es entenderlo, sino sentirlo, que los versos nos conmuevan, aunque no los comprendamos. Si verdaderamente el poema nos emociona, tarde o temprano, lograremos comprenderlo, preguntándonos a nosotros mismos por qué nos emocionó en la lectura primigenia. La reflexión es tan iluminadora que puede ser aplicable a otras creaciones culturales: una película, una novela, una canción, un cuadro."


https://elpais.com/cultura/2020/01/07/actualidad/1578417272_268697.html