lunes, 4 de abril de 2016

Machadiana





La lluvia en los cristales
dibuja ideogramas.

Es un telar de nombres
entre los que podría estar el nuestro.

Breve caligrafía
de una tarde de lluvia.

lunes, 21 de marzo de 2016

Frankenstein


Para que sea Navidad has puesto el Oratorio.
En la cocina o en salón tal vez,
Tu hijo repite ensimismado las palabras
Que aprende de los labios de su madre,
Ensimismado, aun cuando el lenguaje
Es un límite que se toca con los otros,
Tal vez por eso ella lo dota de sentido
Y musicalidad, para que entienda
La ternura en sus actos, y también el horror
Que está en el límite de sus palabras.

 Ahora oyes su risa entre el fraseo
de Johann Sebastian Bach, escuchas,
Prestas oído a lo que oyes
Una emoción no exenta de sentido religioso,
Pero que habla del hombre, del exilio,
De la huida, del miedo, del derecho
Y de la dignidad.

 Hay luces de colores que parpadean en el árbol.
La atmósfera que envuelve la lección
es cálida y amable.
Noventa años después de que el maestro
De Eisenach, muerto en Leipzig, compusiera
Esta música, al otro lado del salón,
En la verdad austera de un cuarto frío,
Alguien está escuchándola, y no eres tú,
Es la criatura la que sigue atentamente
La clase, la que con esmero intenta
Entender las palabras y también su cadencia.

De ella dependerá nuestro perdón.

Inédito del libro Poemas con mi hijo.

sábado, 5 de marzo de 2016

Adentrarse

Estuve dos años leyendo Cartas de cumpleaños de Ted Hughes, viajé con la joven pareja por Europa, América o España, por la cordura y por la desesperación, durante dos años, leí pausadamente esos fragmentos de biografía, aceptando la complicidad de entender que en realidad se trataba de un texto literario que se rebelaba a esa condición, dos años reconociéndome unas veces en la voz de Ted Hughes, otras en las acciones de Sylvia Plath, joven, poderosa, frágil. Ahora  he leído Una pena en obsevación de C.S. Lewis, otra manera de adentrarse en el dolor. No había visto la relación tan obvia entre los dos libros hasta el momento de ponerme a escribir. Qué diferencias también entre uno y otro, el análisis a fin de cuentas del hecho relativamente parecido de la pérdida y de la asunción de ésta, y qué diferente la forma de hacerlo. En C.S. Lewis la frialdad inicial, el bloqueo emocional aparente del escritor se va volviendo poco a poco en una extraña comprensión que es la del convencimiento de la razón. Aún no asumiendo los presupuestos religiosos del autor, termina uno emocionándose, poniéndose en su piel y entendiéndolo a través de la observación y el análisis. En el libro de Ted Hughes sucede algo similar pero los caminos son totalmente diferentes o al menos eso me parece a mí.

Dos años leyendo Cartas de cumpleaños, uno de esos libros que necesita su tiempo, ir devanando poco a poco el hilo para deshacer el sudario con el que la edad ligera nos envuelve. Dos años de aventura, de complicidad, de perplejidad también para veinticinco años de escritura. Ahora cuando lo veo en la estantería, en la hermosa edición de Lumen, noto la reciprocidad, como si durante dos años alguien hubiera igualmente estado leyendo en mi interior.

Y ahora, casi dos años después de que Nuria me lo hubiera regalado, le toca el turno a la poesía completa de la poeta de Amherst, de la que había leído una selección publicada en visor y la hermosa y breve antología, creo, que de Nórdica o el libro de Poemas a la muerte que le regalé a Diego. Y sé  con una extraña clarividencia que Emily Dickinson y yo andaremos un tiempo juntos.

lunes, 29 de febrero de 2016

Poesía popular


Le escuché al maestro José Agustín Goytisolo la última vez que vino a Murcia, apenas unos meses antes de su muerte, mientras leía sus poemas bajo la luz de un flexo que iluminaba el humo de un cigarrillo que se consumía en un cenicero que le traje dios sabe desde donde, que para él una de las cosas más hermosas que podría sucederle como poeta sería que sus versos circularan de boca en boca au que no se supiera quién los hubiera escrito. Así, con esa sencillez, nos enseñaba, en el aula de Poesía de la Universidad de Murcia, una lección de humildad. Pues eso, que llevo unos días encontrando mis versos dispersos por el mundo en boca de jóvenes que los repiten, seamos modestos, no hasta la saciedad, pero sí suyos. Y me hace muy feliz. Gracias.

miércoles, 20 de enero de 2016

La noche del incendio. Las cajas



La noche del incendio es un libro de poemas pero también es una exposición, una docena de cajas de fotos donde una docena de lectores-amigos-fotógrafos ha hecho su relectura personal, no tanto una recreación gráfica de la textura visual del poema sino una recreación de los estados de ánimo, de las asociaciones subjetivas que cada uno establece con el placer de leer en general y con la experiencia de la lectura de este libro en particular.

Yo puse el embrión de una idea, lancé unos correos, puse en aprietos incluso a personas que en un principio no conocía y a otras a las que conocía muy bien. Ellos le han dado forma, allí donde las palabras desaparecen, por tanto ellos son los protagonistas de este tránsito de un punto a otro.

El día 13 de febrero, sábado, a las 18:00 horas, será la inauguración de esta curiosa exposición que estará un par de semanas en la Cafetería Ítaca de Murcia (Calle Mariano Vergara, 6). Así que no tendrás excusa, cualquier día a cualquier hora podrías llevarte una de las cajas a tu mesa y leer los poemas y ver las fotos mientras te tomas un café o un té o un refresco, pero,

¿te perderás la inauguración?


jueves, 24 de diciembre de 2015

Al hilo

Esta mañana me apetecía escribir algo en mi blog, ya son muchos años los que caminamos juntos. La razón por la que empecé a escribir aquí no era otra que la necesidad de un confidente, en otra época, en otra vida casi, aunque siga siendo la misma por fortuna. Al principio era casi un guiño para otra persona, un decir algo velado, un sigo aquí aunque no quisiera seguir, pero no me resultaba fácil romper esos hilos, después fue un gusto, un compartir, un punto de encuentro con muchos amigos, una alegría poder decir esto y aquello y leer lo de más allá. Una aventura, vamos, la de estar vivo y compartir con los demás esas cosas cotidianas que nos hacen especiales, como en un juego, el juego de ser escritor.

Muchas cosas han pasado por aquí, de muchas cosas me enteré por otros blogs similares, algunos ya nadie los actualiza, alguien faltó, nos dejó huérfanos en sus peceras y mundos submarinos, eso también pasó por aquí, y los hilos se cortaron con un brutal manotazo, no es que fuéramos los mejores amigos del mundo, pero éramos lo que habíamos sabido ser y encontramos pese a los kilómetros, muchos, un hilo, un hilván para mantener vivos nuestros vínculos familiares. Últimamente me acuerdo mucho de ti, es extraño, tendríamos ahora más o menos la misma edad, ahora que uno de los dos se ha quedado para siempre en los maravillosos cuarenta, en la felicidad de sentirse maduro pero no viejo, joven pero con esa capacidad de dar tierra a los sueños, viento, fuego a lo que deseamos.

Y amigos, como Diego Morales, con el que supe mantener un diálogo personal a través de este cuaderno, del que hoy me siento orgulloso. Hablar del salondelospasosperdidos es hablar de José Óscar, de Diego Sánchez, de Joseda, Ginés Sánchez, Cristina Morano, Javier Moreno, Andrés García Cerdán, José Manuel Gallardo,  de Luz Calero, César Cerón, de Álvaro... con los que compartí la pasión de andar diciéndonos cosas cada uno en su sitio (Es curioso que al enlazar los blogs me he dado cuenta de que algunos te redireccionan a páginas donde se venden coches o cerraduras que nada tienen que ver con quienes los crearon. Eso sí que es reciclaje).  Con Antonio Sánchez-Carrasco y Antonio Lorente, no sé qué excusa usar, salvo la de que me encanta decir sus nombres para que en mi vida sean de esa verdad de la que siempre han sido.

También mantuve amores improbables, otros silenciados, comentarios que guarda la  memoria de google y que nunca nadie leerá, no por pudor, sino por intimidad, pero que siguen ahí, porque alguien algún día los pronunció para mí y si entorno los ojos soy capaz de revivir la emoción de la primera vez, como en una pequeña bola de navidad a la que podríamos girar para ver caer las asucas de aquel momento.

Y luego llegó mi Nuria, y el mundo giró de nuevo, porque ella no lee los blogs de nadie, así que yo escribía cosas, pistas, guiños, que iban en botellas de cristal hasta costas remotas, donde un día junto a nuestras pisadas aparecieron las de unos pies diminutos. Pero ella sigue sin leer mi blog, así que encontré una libertad imprevista para poder decirle cosas sabiendo que no las leería, la convertí en un personaje, en mi cómplice, en mi compañera, papeles que ya asumía en la vida. Aunque de todas las me quedo con la de andar por casa, la que se aburre con internet y prefiere que le lea las cosas y me mira con atención y me escucha. Me basta, como decía Ángel González. Así que si ahora mismo te estoy leyendo estas palabras en la cocina o sentados en el sofá, por favor, dame un beso y no me dejes terminar.

Feliz navidad.