sábado, 2 de septiembre de 2017

Notas para un poema futuro que dedicaré a Luz

Cien famosas vistas de Edo

 Viejas estampas de Edo,
dibujadas con trazos luminosos,
árboles que transitan
desde el cercano invierno
a la inquietante primavera,
apenas con un rosa
sobre las ramas esbozadas junto al río
-la anguila de agua dulce
se esconde en sus ribazos-.
 El cinabrio vuelve otoñales los cerezos,
el verde inunda las planicies,
¡aire de Edo en la brisa
cambiante del riachuelo Furukawa!

 El maestro Hiroshige
sabe que la belleza
ya existe en la mirada previa
como la fruta existe
en las ramas en flor.

Dos maestros

El paisaje tradicional y al mismo tiempo la destrucción por las exigencias de la técnica moderna

La colina del palacio en Shinagawa de Hiroshige
Trinchera de ferrocarril de Paul Cézanne (1870)

jueves, 31 de agosto de 2017

Notas para un poema futuro que dedicaré a César y Mariola

Nadie ha dicho que el valle de sabinas
con sus cortezas ásperas y oscuras,
con el agua fluyendo de las rocas
porosas del calar, sea metáfora
de algo que de la misma forma fluye
entre nosotros.
Nadie lo ha dicho porque no hace falta
configurar el mundo. A veces pasa
como un regalo. Miro la desnuda
voluntad de la tarde entre los campos
de lavanda.
¿Quién eres tú que al fin has aprendido
a no ver más de lo que el mundo ofrece?


miércoles, 5 de julio de 2017

Ampliación del campo de batalla

Dice cierta leyenda urbana, acrecentada por el antropólogo alemán Boas, que un esquimal es capaz de nombrar veinte tipos distintos de nieve. Quizás de esa exageración dependa su supervivencia. Lo que para nosotros es nieve es para él una realidad compleja y necesaria.

Cuando uno lee La impedimenta de Alberto Chessa tiene la sensación de pasear por un espacio o por un tiempo, iluminado por la reflexión y el saber "ser", pura actitud y no pose en sus poemas. Alberto Chessa fue accésit del Premio Adonáis con La osamenta en 2011 y es autor también de En la radiografía apareció LA PIEL (Huerga & Fierro, 2013). Teórico, traductor, ser humano inquieto e inteligente.

Hay un aspecto de la poesía de Chessa que siempre me ha sorprendido y es el uso del léxico que hace, la precisión de las palabras, la ampliación del vocabulario para ser preciso, para ampliar el campo de visión, para nombrar la nieve que uno pisa y saber qué puede esperar de esa singladura por el espacio en blanco.  Al devolver al lenguaje su capacidad de multiplicar la lectura que hacemos de las cosas, de dar volumen, detalle a la realidad, Chessa nos devuelve una visión compleja y rica y no siempre deseada. La reducción del léxico aplana las posibles lecturas que hacemos de la realidad, de tal forma que no todos vemos lo mismo por más que miremos las mismas cosas. La poesía de Alberto huye de simplificaciones absurdas, ese vocabulario, lamentablemente no habitual, pero no excesivamente erudito, a veces incluso empleando neologismos, muestra a las claras su voluntad de observación analítica y poética de la realidad, de no huir de una realidad problemática que necesita ser nombrada para no quedar solapada por las simplificaciones ramplonas a la que es sometida cada día y cada vez con más intencionalidad. 

Es un deseo, casi un imperativo humano, de hacer del lenguaje una actitud ética, conocimiento como compromiso y no como exhibición.


La mirada de Ulises.


sábado, 1 de julio de 2017

Los guardianes del magnolio

Un sobre. Restos de un botelleo. En el patio de atrás del Museo hay unas sillas dispuestas como para un acto vacío. Bolsas de plástico. Un perro escarba entre las plantas. Es pardo con una mancha blanca en el lomo. Algo vivo.

Escuchas Hoy empieza todo por los auriculares. Es ese olor. Las flores blancas. No hay más sombra que el perfume del magnolio.

Canción triste del lobo


El lobo dejó el cuento. Apenas llevaba nada consigo, un hato ligero, un par de camisas, los pantalones de pana, una cuerda vieja de anea con la que intentó trepar hacia arriba, por el corte vertical de las emociones, pero no pudo. Era mayor y había perdido la agilidad, se sentía torpe y cansado. Así que cogió el camino que iba junto al desfiladero de las tramas secundarias, una especie de hades del que ya ningún recuerdo podría salvarlo. No estaba muy seguro de haber vivido su propia historia, aunque algo había vivido, algo para lo que tendría que encontrar algún día un nombre y un sentimiento.

Poco a poco se fue alejando. Al principio todavía era un lobo, luego ya no fue nada.

El arrecife de las sirenas. Dos poemas de Luna Miguel

No voy a negar que tuviera ciertos prejuicios sobre Luna Miguel. Nunca he sido beligerante, pero sí resistente a ciertas cosas que no me gustaban de su perfil público. Pero los prejuicios se caen con la lectura, al menos en este caso. He disfrutado y sufrido con "El arrecife de las sirenas". Una crítica en un suplemento cultural me hizo plantearme un "y por qué no", un par de días después tenía el libro entre las manos. Quizás lo que más me ha llamado poderosamente la atención es su verdad humana, y no tanto literaria, que también, entiendo lo que dice a través de las palabras, pero tiene esa verdad que, aunque tuviera imperfecciones formales -que no las tiene- salvaría el libro. Es atrevido (si queda cierta parcela para el atrevimiento en la actualidad) en la expresión y en sus referencias, en el lenguaje que no se detiene en lo escatológico, devolviéndolo de nuevo con esa desnudez que demuestra que los prejuicios están en los que miran más que en los que exponen. Y bien construido, quizás en exceso, por ponerle un pero, demasiado cerrado, para algo que se asemeja poderosamente a la vida.




http://cajadetormentas.blogspot.com.es/2017/07/luna-miguel-dos-poemas-de-el-arrecife.html