miércoles, 20 de enero de 2016

La noche del incendio. Las cajas



La noche del incendio es un libro de poemas pero también es una exposición, una docena de cajas de fotos donde una docena de lectores-amigos-fotógrafos ha hecho su relectura personal, no tanto una recreación gráfica de la textura visual del poema sino una recreación de los estados de ánimo, de las asociaciones subjetivas que cada uno establece con el placer de leer en general y con la experiencia de la lectura de este libro en particular.

Yo puse el embrión de una idea, lancé unos correos, puse en aprietos incluso a personas que en un principio no conocía y a otras a las que conocía muy bien. Ellos le han dado forma, allí donde las palabras desaparecen, por tanto ellos son los protagonistas de este tránsito de un punto a otro.

El día 13 de febrero, sábado, a las 18:00 horas, será la inauguración de esta curiosa exposición que estará un par de semanas en la Cafetería Ítaca de Murcia (Calle Mariano Vergara, 6). Así que no tendrás excusa, cualquier día a cualquier hora podrías llevarte una de las cajas a tu mesa y leer los poemas y ver las fotos mientras te tomas un café o un té o un refresco, pero,

¿te perderás la inauguración?


jueves, 24 de diciembre de 2015

Al hilo

Esta mañana me apetecía escribir algo en mi blog, ya son muchos años los que caminamos juntos. La razón por la que empecé a escribir aquí no era otra que la necesidad de un confidente, en otra época, en otra vida casi, aunque siga siendo la misma por fortuna. Al principio era casi un guiño para otra persona, un decir algo velado, un sigo aquí aunque no quisiera seguir, pero no me resultaba fácil romper esos hilos, después fue un gusto, un compartir, un punto de encuentro con muchos amigos, una alegría poder decir esto y aquello y leer lo de más allá. Una aventura, vamos, la de estar vivo y compartir con los demás esas cosas cotidianas que nos hacen especiales, como en un juego, el juego de ser escritor.

Muchas cosas han pasado por aquí, de muchas cosas me enteré por otros blogs similares, algunos ya nadie los actualiza, alguien faltó, nos dejó huérfanos en sus peceras y mundos submarinos, eso también pasó por aquí, y los hilos se cortaron con un brutal manotazo, no es que fuéramos los mejores amigos del mundo, pero éramos lo que habíamos sabido ser y encontramos pese a los kilómetros, muchos, un hilo, un hilván para mantener vivos nuestros vínculos familiares. Últimamente me acuerdo mucho de ti, es extraño, tendríamos ahora más o menos la misma edad, ahora que uno de los dos se ha quedado para siempre en los maravillosos cuarenta, en la felicidad de sentirse maduro pero no viejo, joven pero con esa capacidad de dar tierra a los sueños, viento, fuego a lo que deseamos.

Y amigos, como Diego Morales, con el que supe mantener un diálogo personal a través de este cuaderno, del que hoy me siento orgulloso. Hablar del salondelospasosperdidos es hablar de José Óscar, de Diego Sánchez, de Joseda, Ginés Sánchez, Cristina Morano, Javier Moreno, Andrés García Cerdán, José Manuel Gallardo,  de Luz Calero, César Cerón, de Álvaro... con los que compartí la pasión de andar diciéndonos cosas cada uno en su sitio (Es curioso que al enlazar los blogs me he dado cuenta de que algunos te redireccionan a páginas donde se venden coches o cerraduras que nada tienen que ver con quienes los crearon. Eso sí que es reciclaje).  Con Antonio Sánchez-Carrasco y Antonio Lorente, no sé qué excusa usar, salvo la de que me encanta decir sus nombres para que en mi vida sean de esa verdad de la que siempre han sido.

También mantuve amores improbables, otros silenciados, comentarios que guarda la  memoria de google y que nunca nadie leerá, no por pudor, sino por intimidad, pero que siguen ahí, porque alguien algún día los pronunció para mí y si entorno los ojos soy capaz de revivir la emoción de la primera vez, como en una pequeña bola de navidad a la que podríamos girar para ver caer las asucas de aquel momento.

Y luego llegó mi Nuria, y el mundo giró de nuevo, porque ella no lee los blogs de nadie, así que yo escribía cosas, pistas, guiños, que iban en botellas de cristal hasta costas remotas, donde un día junto a nuestras pisadas aparecieron las de unos pies diminutos. Pero ella sigue sin leer mi blog, así que encontré una libertad imprevista para poder decirle cosas sabiendo que no las leería, la convertí en un personaje, en mi cómplice, en mi compañera, papeles que ya asumía en la vida. Aunque de todas las me quedo con la de andar por casa, la que se aburre con internet y prefiere que le lea las cosas y me mira con atención y me escucha. Me basta, como decía Ángel González. Así que si ahora mismo te estoy leyendo estas palabras en la cocina o sentados en el sofá, por favor, dame un beso y no me dejes terminar.

Feliz navidad.



Feliz navidad para todos


domingo, 13 de diciembre de 2015

Feliz cumpleaños, abuela

Mi abuela María cumple hoy ochenta y cuatro años, uno detrás de otro, no todos igualmente felices imagino, pero hoy cuando la he llamado para felicitarla me ha deseado algo que me ha hecho pensar. Ella que ha vivido momento duros, que perdió a su padre en la Guerra Civil y que lo reencontró dos años después corriendo desde el penal donde estuvo preso y sin atreverse a mirar hacia atrás; la misma mujer que se escondía en los bolsillos de su chaquetón las mondas de las naranjas que robaba para ir esparciéndolas de forma discreta; la que se deslizó por una piedra de las lavanderas y cayó al río Segura y consiguió salir arrastrándose de los pelos, pensaba ella, mientras se desenredaba de un sedal que milagrosamente la arrastró hasta la orilla; la que sirvió en casa de unos señoritos, a la que se llevó mi abuelo y se casó muy temprano antes del culto y perdió un hijo y ganó ocho.

Al despedirse me ha dicho que me desaba que yo también llegara a los ochenta y cuatro años y tuviera la suerte de ver a mi hijo casado y a sus hijos y disfrutar de mis nietos y biznietos. Después de tantas cosas, la vida siempre merece la pena.

Así que eso se ha pegado a una frase que el otro día le escuché a un escritor, algo así como que la literatura nos permite evadirnos de unas vidas mediocres y aburridas, y he sonreído porque hay personas que han aprendido de una forma sencilla que pese a todo  la vida siempre merece la pena.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Regalos de Soren Peñalver



Fue Soren Peñalver quien hace unos años y sin más motivo aparente que la amistad me regaló una edición antigua de la poesía de Kathereen Raine en la traducción precisamente de Rafael Martínez Nadal y editada por Hiperión. No fue una lectura rápida ni fácil y tuvo que pasar un tiempo para que entendiera la belleza de lo que allí había escrito y de por qué Soren deseaba que yo leyera ese libro. No hay mejor magisterio que el que no lo parece. Gracias. Ayer en La Opinión de Murcia volviste a hacerme un regalo.



sábado, 21 de noviembre de 2015

De la lectura de El comensal


Acabo de terminar de leer El comensal de Gabriela Ybarra. El libro despertó mi curiosidad ya de una manera al menos pintoresca pero por otro lado frecuente en los últimos años, a través del muro de facebook de un amigo que te convence, que cuenta poco y que te deja ese gusto extraño de desear -mitad juego, mitad necesidad- algo que hasta hace unos minutos no sabías ni que existía. Luego compras el periódico y encuentras que un escritor de prestigio, de esos a los que les ceden una columna de opinión en la última página, y se la pagan, habla de este "cuento", crees recordar, que tú ya llevas en la bolsa porque has pasado por la librería y lo has visto en la mesa de novedades junto a un par de libros que sí sabías que te ibas a llevar.

 Unos días después alguien te hace la siguiente pregunta, que en realidad es una reflexión: cuántos libros de Caballo de troya publicados este año podrías citar, y joder, hasta te cuesta convencerlo de que no sabías que existía una editorial que se llamaba así, aunque tu amigo, con buena fe, te convence de que sí que la conocías, de que no debías dejar de conocerla y claudico y lo admito, más por ser bien mandado y por no dejar en entredicho a este amigo que me gusta que sea mi amigo, que porque realmente esté convencido de que lo supiera.

 Y ahí estás, te sientas y te pones a leer. Te encanta la idea con la que se abre el libro de la silla para el comensal que no llegará. Te recuerda muchas cosas, o establezco relaciones con muchas cosas, como la ocasión en la que estuve colaborando en la radio y alguien dejaba invariablemente, día tras días, una silla vacía para Julio Cortazar, y sobre todo y no tengo claro el porqué, se me llena la cabeza de imágenes de El festín de Babette. Hágaselo mirar. Me engancho enseguida al libro, un libro modesto, con un estilo sencillo, casi naif, salvo que las dos historias familiares que se relatan no son nada naif, porque la muerte es el asunto del libro. ¿Una pena en observación? Tampoco es eso, no llega a ser nada en concreto, es algo, tampoco es novela, que se deja leer, que pese a todo tiene un tono amable y complaciente con el lector que lo entiende todo, y que no termina de empatizar porque tampoco es un libro sentimental. Conforme avanzo en la lectura no puedo obviar una pregunta que cada vez es más acuciante, qué sentido tiene escribir un libro así, y qué sentido, que es lo que a mí me atañe, leerlo. Pero lo he leído y no he podido dejar de hacerlo.

 Al final agradeces la alusión a Robert Walser, y, pese a todo, sonríes. Todo muy raro.