martes, 2 de diciembre de 2014

Casi siempre, Anne Carson


Fue por azar, es cierto, no la había buscado en internet, no sabía nada de ella, ni siquiera cómo era su cara o su complexión, si sonreía o no al mirar de soslayo, si eras bella, y lo eras, o terriblemente horrorosa. Pero sucedió. Llegué hasta el fondo del comercio, estaba en uno de los anaqueles más bajos, en los que ya queda poca novedad, editado por lumen, con los lomos guillotinados, un ejemplar tan solo, como salido del fondo de un almacén, tal vez a punto de ser descatalogado de La belleza del marido de Anne Carson. Y fue el principio de un idilio. Es verdad que se cruzó también en aquella historia Margaret Atwood y sus Juegos públicos. Yo estaba a punto de divorciarme o lo había hecho o debería haberlo hecho ya entonces y no lo sabía, pero debería intuirlo porque aquellas páginas que leía a solas me emocionaban. Con las dos viajé un tiempo, las manoseé, las regalé, las amé. 
Después llegó la fama y pre-textos publicó Hombres en sus horas libres. Ahora es vaso roto y su Decreación. Y seguimos.

jueves, 2 de octubre de 2014

Lírica de urgencia para la puerta de un frigorífico

Quisimos agasajar a los invitados a nuestra boda con dos cosas: una botella de Coto y un pequeño cuaderno de poemas. Aquí os dejo los poemas, el vino, pues eso...



jueves, 25 de septiembre de 2014

La inquilina (borrador)


(foto: Kamil Vojnar)

Está en la casa. Va tasando
el tiempo, abriendo las ventanas
a lo oscuro, como la edad ligera
que no hace mudanza en su costumbre.

Intuyo que sus pasos se solapan
con los míos en los quehaceres cotidianos,
que siempre estuvo aquí, que fue la calma
y la tormenta, el sueño y la vigilia.

Y se disculpa en parte, como si ella
ocupara el lugar que ocupa
violentando las cosas,
no de una forma simple y sin ambages.

Quizás porque no quiso nadie
saber quién era, simplemente un huésped
incómodo a todas luces,
extemporáneo tal vez e inoportuno.

Alguien que está de paso,
que no vino para quedarse,
aquí y ahora la mitad de todo,
al final, la mitad de nada.


Antonio Aguilar Rodríguez
Septiembre 2014.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Regalo (esbozo para un poema futuro)

 
Foto de Harley Weir

Sobre la mesa un búcaro con agua.
Las flores se secaron.

Hace tiempo que nadie se preocupa por el agua,
semanas que, con seguridad,
un invierno desmadejado
pudrió las hojas, cercenó las flores,
que hubieron de brillar
con un fulgor también doméstico
y breve y desprovisto de tragedia.

Es una imagen más
que pasaría desapercibida
de no encontrarte tú al otro lado,
una luz que persiste
en el fondo de arcilla
como la tesitura de una foto
sumergida en las aguas
tras la cruel primavera.

viernes, 5 de septiembre de 2014

El editor de nivolas (Segunda parte)


Hace unos meses publiqué, es un decir, una estado aquí que hablaba de un escritor que había escrito una novela donde aparecía un editor, de tal manera que pudiera visitarlo y que amablemente le publicara un libro de poemas. No era ni siquiera una novela, a lo sumo, el argumento de una novela, hilván suelto del que ir tirando. 

Después de unos meses, y extrañamente, el editor del relato se ha puesto en contacto conmigo.



Leyendo a Pedro Antonio Martínez Robles (entrada recuperada)


A veces uno se encuentra con libros, más o menos imperfectos, que están lejos de los suplementos culturales y de las listas de venta pero que tienen un poco de esa verdad sincera que se agradece entre tanto experimento, que no desprecio, y que nos hermana con una palabra sencilla y una mirada limpia como el vuelo del vilano.

http://cajadetormentas.blogspot.com.es/2014/07/pedro-antonio-martinez-robles-amanece-i.html?m=1

martes, 22 de julio de 2014

Leyendo a Cristina Morano

No puedo decir nada de Cristina Morano que no pase antes por mi corazón. Cambio climático es lo que es, un libro de Cristina Morano, un libro que araña, que intimida, que cobija, que dice lo que hay como una Albert Camus que muestra a Sísifo pero que nos dice que si en última instancia eso es lo que hay bien o mal está.

Hace muchos años que conozco a Cristina. En mi corazón ocupa un lugar desde que la vi en telemurcia hace veinte años, pelo negro, largo, nariz afilada, dando sus impresiones, algo cabreada, sobre una sesión de El albor de la palabra o alguno de los encuentros que se organizaron paralelos al Murciajoven. Veinte años y quizás me quede corto. Luego vino la revista Thader y por primera vez sus poemas en Las rutas del nómada, una pequeña plaquet que acompañaba al número dos o tres de la revista, como las de Pepa Murcia o David Galindo.

Cambio climático es el libro de una Cristina Morano madura, medida y ácida y dura y amorosa con lo que hay, con los que hay, en ese paraje hostil que a veces es la vida.

http://cajadetormentas.blogspot.com.es/2014/07/cristina-morano-los-frutos.html