lunes, 1 de noviembre de 2010

Aquel salón de los pasos perdidos


Al otoño mi padre lo llama el pela cañas, no siempre, sólo algunas veces. Es una estación dura, no tan terrible como era la primavera para Eliot, pero dura para los días reales.

Menos luz, frío, tardes que se deprimen por el peso de la noche, lluvia y sobre todo el viento, ese invitado desapacible que puede estar durante horas, durante días, inquietándote, cantándote una canción con su estribillo sordo.

Para mí el otoño algunas veces, no siempre, está relacionado con una sensación. Después de las largas tardes, infinitas tardes de verano, recuerdo a un muchacho de apenas ocho, nueve años, sentado en la cuneta de la carretera, viendo pasar los coches, contándolos, haciendo predicciones de esto y de aquello en función del color, de la matrícula, de las marcas. Pero sobre todo, recuerdo el sonido, la llegada lejana, el zumbido creciente a nuestro lado, su largo y decreciente fular de melancolía. Era triste, pero había un placer en estar allí solo escuchando sin hacer nada más, pura pereza del otoño.

Este blog empezó para combatir ese ruido. El ruido de los coches no ha cesado, pero ya no inquieta a mi corazón.

Seguiré dando noticias por aquí de las cosas que haga, espero que las compartamos juntos. No es un abandono, no es una derrota, al contrario, es un punto final sencillo, feliz, a falta de nuevas expectativas literarias, que llegarán, espero.

Mientras, ahí se queda mi silenciosa y humilde caja de tormentas, un intento de algo hermoso para este mundo que no siempre lo es.

7 comentarios:

Torcuato dijo...

¿Cierras este blog?

Dyhego dijo...

Las hojas del otoño revolotean, van y vienen...
Salu2.

Tomás dijo...

Con las referencias estacionarias me has recordado a aquél que nos enseñaste en su día (Sánchez Rosillo)... aunque en el contenido no tenga nada que ver.

Para mí los otoños eran jugar con mis amigos en nuestra calle (era una calle ciega, no había tráfico... era nuestra) y, en cuanto empezaba a llover, acurrucarnos todos en cualquiera de los portones de la misma e imaginar que presenciábamos el Diluvio Universal, éramos piratas, exploradores por el Nilo, estábamos rodeados de magma volcánico... o cualquier otra cosa que nos permitiera seguir jugando y no creciendo.

Yo nunca he sido escritor, pero siempre he escrito; y desde que salieron los medios informáticos, los he aprovechado. Vengo a decir con esto que, aunque le des un descanso a este blog, espero volver a leerte pronto pues, de los varios que tienes, es el que más me llama la atención. Y tú eres escritor, creo que eso es peor que fumador y, antes o después, volverás. Jajaja.

Yo ahora he creado uno: falsoscuentos.blogspot.com , aún hay poca cosa, pero pásate cuando quieras. Jajaja

(Toma parrafada).

Espero leerte pronto. ¡Salud, profesor!

Granito dijo...

Entiendo que no vas a escribir más por aquí. De ser así una pena, se te echará de menos, aunque me alegra la serenidad que transmite esta entrada.
Saludos.

Conde Niño dijo...

Espero que esto no sea ningún mal estacional de los blogueros, Antonio. Ya sabes lo que comentaste en mi blog, ¿qué más puedo decirte?
Hasta otra siempre.

Anónimo dijo...

Antonio Aguilar, me dejas a cuadros... Mañana lo hablamos, si es posible. Necesitaré un Nestea doble.

Anónimo dijo...

querido antonio, me resisto a pensar que este salon de los pasos perdidos, valga la redundancia se pierda...asi que seguiré como siempre en silencio, teclear cada semana para entrar a ver si encontraste tu inspiración...confio en ello, que la vida te traiga nuevos aires y nuevas inspiraciones...un abrazo "chillao"