lunes, 21 de marzo de 2016

Frankenstein


Para que sea Navidad has puesto el Oratorio.
En la cocina o en salón tal vez,
Tu hijo repite ensimismado las palabras
Que aprende de los labios de su madre,
Ensimismado, aun cuando el lenguaje
Es un límite que se toca con los otros,
Tal vez por eso ella lo dota de sentido
Y musicalidad, para que entienda
La ternura en sus actos, y también el horror
Que está en el límite de sus palabras.

 Ahora oyes su risa entre el fraseo
de Johann Sebastian Bach, escuchas,
Prestas oído a lo que oyes
Una emoción no exenta de sentido religioso,
Pero que habla del hombre, del exilio,
De la huida, del miedo, del derecho
Y de la dignidad.

 Hay luces de colores que parpadean en el árbol.
La atmósfera que envuelve la lección
es cálida y amable.
Noventa años después de que el maestro
De Eisenach, muerto en Leipzig, compusiera
Esta música, al otro lado del salón,
En la verdad austera de un cuarto frío,
Alguien está escuchándola, y no eres tú,
Es la criatura la que sigue atentamente
La clase, la que con esmero intenta
Entender las palabras y también su cadencia.

De ella dependerá nuestro perdón.

Inédito del libro Poemas con mi hijo.

1 comentario:

Sergio Pastor dijo...

Estás escribiendo un libro dedicado a tu hijo? Qué grande y qué orgullo que un padre escriba un libro, poemario en este caso, en honor a su hijo. Me alegro por él, y por ti. Un saludo