viernes, 20 de mayo de 2011

Eufemismos y perversiones 2


PERVERSIÓN

Cada día se hace más difícil ser ciudadano en un país como España. Las calles están llenas de caretos descoloridos, ni siquiera ya nos tomamos la molestia de dibujarles un bigote o decorarlos obscenamente, un photoshop en condiciones. Se lo decía el otro día a mi hijo , mientras dejaba sobre la mesa un spray, a ver si picaba, a ver si por eso de llevarme la contraria le daba por salir a la calle y hacer un Basquiat sobre el careto de Valcárcel o la jeta de la Retegui. Pero nada.

Me miró de soslayo, sin hacerme mucho caso. No, papá, me dijo, que eso ya no se puede hacer, que ahora son ellos los que te sacan el dedo como diciéndote que te den por el culo o hacen ruedas de prensa sin prensa, los que dicen barbaridades y te obligan a comer entre exabruptos.

Ah, perdona, le dije, no lo sabía. Alabé su actitud política y volvimos a nuestros quehaceres.

Eufemismos y perversiones 1


"La decisión de prohibir las protestas de la Junta se tomó por cinco votos a favor, cuatro en contra y una abstención. Los magistrados del Tribunal Supremo Luciano Varela (progresista e instructor del caso contra Garzón por la memoria histórica) y José Manuel Maza (conservador) redactaron sendos particulares discrepantes. Entre los cuatro en contra de la prohibición se incluyen catedráticos propuestos en su momento por el PSOE".

Extracto de la noticia El Movimiento 15-M mantiene el pulso ante el veto a las manifestaciones de El país digital. 20/05/2011

Eufemismos: "progresista", "conservador", "¿Partido obrero?"

Me resulta curioso, al menos, que una junta electoral esté compuesta por una serie de personas que se declaran "progresistas", "conservadores" o que hayan sido propuestos por uno u otro partido. No sé, pero habrá que revisar eso también, también hay una intención política ahí. ¿O no?

domingo, 15 de mayo de 2011

Domingo por la noche

Bosque encantado de Antonio Comenge

La noche de los domingos es una noche breve, extraña. No es más que un parpadeo. Las cosas que pasan la noche de los domingos no suelen ser referidas en las historias, son simplemente cosas que pasan. El domingo por la noche preparé la comida del lunes, te dices, o el domingo por la noche escuché la radio hasta que pude conciliar el sueño, cosas así, sin importancia en apariencia.

Nunca pasa nada un domingo por la noche. Ni siquiera esta entrada.

viernes, 6 de mayo de 2011

Teclear tu nombre en el trabajo


Estoy en mi oficina. En las mesa de al lado mi compañera habla por teléfono. De la otra habitación llega una música. Yo me relajo, me quito los cascos, me detengo a pensar un segundo, quizás un poco más. Y empiezo a teclear, no sé por qué, pero tecleo, voy dándole a cada tecla, esbozando un texto imposible, pero escribo en el vacío, como en esos juegos simulacros de guitarra de la adolescencia, porque el ordenador está apagado, porque escribo sobre un silencio que empieza a coincidir con cada tecla, cada palabra en ausencia, inventada, recreada en sus sonidos metálicos. Plástico. Esto no lo estás diciendo, lo estás sonando.

Suena esto. Suena tu nombre, cinco teclas, cinco letras, cinco deseos y todos giran en torno a ti esta mañana.

lunes, 2 de mayo de 2011

Golondrinas y verano (remake)

Antonio López


Cuando era pequeño sabía que había llegado el verano por el vuelo de las golondrinas. Entonces los calendarios no siempre regían las estaciones, al contrario, otras cosas más livianas en apariencia decían estamos aquí, ha llegado el verano, ya es primavera. Así, por ejemplo, una camiseta corta regalada en febrero hacía que quisiéramos ser verano, un poco de ese verano en el que por otra parte el simple anhelo de una manga larga a su vez adelantaba en varios meses el invierno siguiente. Las golondrinas entraban en la plaza de los cerezos, volaban, trazaban giros imposibles, piaban de una forma viva y enérgica. ¿Cómo volar así? Pura energía. Y yo me quedaba mareado -en parte por la astenia primaveral- respirando esa luz que ya olía de otra forma, como si el verano pudiera tener un olor y el olor fuera ése. De pronto las noches se hacían cortas, de pronto hacía mucho calor, el cuerpo traspiraba, tenías unas ganas terribles de vivir. Y pensé en cómo una cosa tan pequeña y tan oscura podía traer el verano infinito y luminoso. Y no encontraba nunca respuesta. Han pasado los años y sigo sintiendo lo mismo. Hoy me he dado cuenta, de pronto, al salir al mundo por mi calle, que de nuevo estaba el verano aquí. Las he visto, me he vuelto hacia atrás, a los diez años, cuando el mundo aún era interesante sin esfuerzos, lleno de asociaciones sorprendentes, de significados no siempre posibles para los significantes del mundo. Y las he visto revolotear por mi calle. Es verano, me he dicho, es verano de nuevo. Y cuando he vuelto a casa he buscado un poema que había esbozado hace seis o siete años en la Residencia de estudiantes de Madrid, porque sabía que esto ya lo había escrito:


Entre las copas de los árboles –dice el poema-

la mano del invierno se despereza.

Sobre los edificios,

a los lejos, se escuchan

los cantos estridentes de las aves

que hilvanan un zurcido negro

en el azul de la mañana.

La fresca vaharada de la acequia

canta su cantinela:

es la luz del verano

la que se escapa entre los dedos.


Y al terminar de releerlo me he sentido feliz. Hay cosas que no cambian, me he dicho, y está bien que no lo hagan.

lunes, 11 de abril de 2011

Quicios


Últimamente, y no sé por qué, me gusta leer apoyado en la repisa de las ventanas. De pie, con el cuerpo ladeado sobre el quicio, donde el mundo se abre y cierra con la facilidad de una persiana. En la primera casa en la que viví las ventanas tenían grandes persianas de madera con grandes bisagras y pernios de metal que la aseguraban al marco. Tal vez sea una reminiscencia de mi infancia. Tal vez sea porque hace unos días vi con mis alumnos El cartero y Pablo Neruda y en una escena a mitad de la película aparece Mario Ruopolo, el cartero enamorado, que lee en la ventana bajo la luz de la luna las metáforas de Neruda. Así que será por eso o será porque llevo mucho tiempo sentando que me he puesto a leer en las ventanas, de pie, con ese atril que tanto se parece al mundo. Hoy, por ejemplo, el cielo gris enmarca mi lectura, le presta su atmósfera a esta novela de Le Clezio, El atestado, que se me está haciendo un poco cuesta arriba. Veo las antenas y me acuerdo de Adam Zagajewski y de aquellos días en los que leí algunos de sus libros, o los tejados que me traen desde muy lejos una novela de Bohumil Hrabal, donde un escritor sierra las patas de una pequeña mesa para sentarse en la pendiente del tejado de su casa a escribir.

Pero también sueño y medito y me barrunto cosas de la vida y del porvenir en las ventanas, cosas sencillas, como cuando el cartero le dice al poeta chileno, intentando comprender qué es la metáfora, que el mundo tal vez sea la metáfora de otra cosa. La sencillez de aquellas palabras de mi amigo Ginés cuando me dijo un día, de paseo, que la amistad era como un par de alas, remedando a Cernuda. Apoyado en esta ventana en la que escribo ahora, creo más bien que la amistad es como este quicio, dos partes que pivotan sobre la misma necesidad y sobre el mismo placer.

jueves, 7 de abril de 2011

De sabores


Me gustan las cocinas porque me gustas tú. Me gustan los poemas que hablan de algo que pasa en la cocina porque sales tú.


De entre todas las cosas de la cocina me gustan tus manos cortando la lechuga, secando los tomates para la ensalada. Me gusta cuando sazonas la ensalada y me gustas tú.


Me gusta cuando me miras como si fuera un intruso en la cocina y luego te engatas con un bufido de sabor. Me gustan tus ojos de gata porque son esquivos a los nombres y a los adjetivos.



Me gusta mirarte desde el quicio de la puerta, porque me gustas tú y tu cocina y los platos que preparas. Me gusta cuando me dices que no te importa la sal, que no te importa la pimienta, las especias, las guindilla.


Me gusta el momento en el que dejo el mantel sobre la mesa, en que lo dejo caer al aire de la fiesta, del gusto, del sabor. Me gustan los platos en la mesa, el vino, cortar el pan.


Me gusta devorarte porque me gustas tú, porque me gusta el cielo sobre tu cuerpo blanco y el sabor de la salsa en ese cuerpo.


Me gusta, me gusta, me gustas tú.