martes, 23 de febrero de 2010

Mi abuelo Pedro


Mi abuelo se murió en una cama, ni siquiera la cama de hospital que había solicitado a los servicios sociales y que deseaba para poder incorporarse y escapar aunque sólo fuera por unos centímetros de su dolencia. No hubo tiempo. Se murió antes, en otra cama de hospital, de noche. De pronto fallaron durante unas milésimas de segundo las luces de la sala de espera y todo se vino abajo. Yo me enteré al día siguiente. Sobresaltado. Es algo que pasa cuando tus padres te llaman a horas intespectivas, no puedes evitarlo, se ciernen sobre ti las peores sospechas y en esta ocasión eran ciertas. Mi abuelo Pedro había muerto esa noche, yo estaba sólo en mi casa, él con sus hijos en el hospital, pero de alguna forma también solo. Todos estábamos, pienso-siento- solos en el momento de su muerte.

Sus veintitantos nietos fuimos pasando al día siguiente por el tanatorio. Todos llevábamos, imagino, a nuestra manera, nuestro dolor. En la comida nos sentamos en una larga mesa e hicimos un brindis por él, algo que le habría gustado de estar allí y no pudimos decir nada, pronto comprendimos que nada se podía decir entonces.

Yo luego pensé en algo que recordar, en algo que llevarme más allá de su muerte. Y me vio a la cabeza esta foto, que yo creía en color, este retazo de nuestras vidas, de la suya y de la mía. Los dos éramos más jóvenes y creo que la foto nos define muy bien, pero sobre todo nos dice muy bien quién era mi abuelo, cómo fue y es así como, más allá de los posibles excesos de su vida, deseo recordarlo.

Creo que mi madre, su hija, la mayor de los ocho hermanos ,estaría de acuerdo conmigo de leer esta entrada y ahora eso me conforta.

7 comentarios:

Dyhego dijo...

Una pérdida siempre te deja un desasosiego muy grande. Te comprendo.
Salu2

María N. Arteaga dijo...

Te comprendo de maravilla.
Mi abuela María era única, todos los abuelos lo son, pero siempre hay uno que es especial.
Hace tres meses que nos dejó mi padre, y aún no me lo creo.
Besos.

Noelia Iniesta Matas dijo...

A veces pensamos que siempre podemos hacer algo más por alguien, pero con el tiempo te das cuenta de que, aquello que se hace con intención y afecto, teniendo en cuenta la circunstancias en las que ocurren las cosas, siempre es admirable y digno de alabanza. Creo que la soledad ante la muerte es un duelo entre el yo y la muerte, y es necesaria para morir con dignidad; y la soledad de los que rodean a la persona "que nos deja", no existe mientras la recordamos. Te entiendo perfectamente.
Un saludo.

LOLY dijo...

Tu abuelo Pedro, mi tito Pedro, el mayor de los hermanos, el segundo que nos deja. El primero fue mi padre, dicen que no le tocaba a él, pero eso quién lo sabe. Desde el tiempo que ha pasado, mi padre se ha ahorrado mucho sufrimiento, el más grande, quizá, habría sido despedir a su hermano mayor
Es verdad, ante la muerte siempre estamos solos pero ¡ay de la soledad del que se queda!

Antonio Aguilar dijo...

Gracias por vuestras palabras.

Anónimo dijo...

¡Qué foto más poética!Estoy seguro de que tu abuelo debería de ser una buena persona.

Sergio Pastor

Anónimo dijo...

Desde que naciste tenías mirada de poeta, se nota en esa fotografía la enorme ¿magia? que poner al mirar a tu abuelo, y en la faz de perfil que se le ve a tu abuelo se le nota cara de buen hombre.

Un saludo

Sergio Pastor

PD: ¿Los poetas nacen o se hacen? Yo creo que en esta imagen a quedado demostrado que nacen en esta imagen, y por supuesto en tus escritos.