miércoles, 3 de marzo de 2010

Besos

El beso de Ouka Lelee


Él había llegado un lunes por la noche. Después de cenar se sentaron en el salón. De pronto, como movidos por un deseo irrefrenable se besaron. Al principio no le dieron más importancia, pero al comprobar en el reloj de pared que había pasado una breve eternidad (pero a fin de cuentas, eternidad) y que para ellos había durado lo que un parpadeo, empezaron a sospechar que algo extraño estaba sucediendo.

Intentaron separarse pero les faltó la voluntad. Simplemente no querían. Estaban dulcemente atrapados en un beso interminable. Después de las horas pasaron los días, después de los días las semanas. Sintieron la debilidad propia de la inanición, la constricción de las necesidades más básicas. Pero no podían. No querían deshacer el beso en el que estaban ensimismados. El uno en el otro. Como dos Narcisos que se reconocían el uno en el deseo del otro.

Los encontró a las semanas el carpintero que había llevado al fin el mueble de la cocina. Algo sencillo para la pared que quedaba libre. Un espectáculo dantesco, fue la frase que eligió para describir lo que había presenciado. No tenía muy claro quién era Dante, pero le pareció de una forma intuitiva el adjetivo apropiado.

En el salón de los pasos perdidos, no pudiendo separarse y sin poder tampoco con el hambre, se habían devorado.

lunes, 1 de marzo de 2010

A quien corresponda, resumen de mi vida presente

Portada de Into the blue de Album leaf, que tocaron el sábado en la sala 12 y medio de Murcia y cuya música escucho mientras te escribo estas palabras.


He encontrado en la vida una serie de cosas que me hacen feliz, cosas que ya estaban y otras que tienen nombres nuevos, que tienen tu nombre también, tu formas, tus maneras. Y las mías, mis formas, mi manera de querer, de abrazar, de sentir tu cuerpo, de tocar a quien quiero, a los que quiero, de abrazarte, también, o las maneras de decir no, de poner peros, de sonreír cuando arde en el centro de todo mi corazón. Os quiero porque me quiero, les dije, te quiero a ti también por eso, porque mi amor es libre y tú eres el faro hacia el que fluye la luz láctea de mis deseos en una noche de niebla.

Ahora es tarde y me voy a dormir.

Poco a poco se van apagando los ordenadores, la televisión, el ruido, la violencia, el viento del alma, esa inquietud que recorre las galerías de la conciencia, y se enciende la música, esta paz, el olor de tu cuerpo, cada una de las luces que habitan tus ojos.

Cierro los míos y te veo.

viernes, 26 de febrero de 2010

La posibilidad de vivir


Mi amigo Agustín, que regenta la pensión hueso, presentó hace unos meses un corto en Lorca. Yo andaba por entonces liado y no pude ir. Así somos los amigos. Imagino que de ser yo quien hubiese presentado el corto me hubiera gustado que los perros de mis amigos de Murcia a los que no veo así que pase un año fueran a ver, si no a mí, sí a mi corto.

Así que como es infinitamente bueno nos envió pasados los meses el enlace para descargarlo, pero tampoco así alcancé a verlo hasta que un día, imagino, cansado de tanto amigo, lo colocó en su blog. Así que yo ahora, para exorcizar la mala madre que pudiera crecer en nuestra amistad a mi vez lo enlazo aquí.

¿No lo has visto aún? Pero a qué estás esperando. Pincha a continuación

LA POSIBILIDAD DE VIVIR

martes, 23 de febrero de 2010

Mi abuelo Pedro


Mi abuelo se murió en una cama, ni siquiera la cama de hospital que había solicitado a los servicios sociales y que deseaba para poder incorporarse y escapar aunque sólo fuera por unos centímetros de su dolencia. No hubo tiempo. Se murió antes, en otra cama de hospital, de noche. De pronto fallaron durante unas milésimas de segundo las luces de la sala de espera y todo se vino abajo. Yo me enteré al día siguiente. Sobresaltado. Es algo que pasa cuando tus padres te llaman a horas intespectivas, no puedes evitarlo, se ciernen sobre ti las peores sospechas y en esta ocasión eran ciertas. Mi abuelo Pedro había muerto esa noche, yo estaba sólo en mi casa, él con sus hijos en el hospital, pero de alguna forma también solo. Todos estábamos, pienso-siento- solos en el momento de su muerte.

Sus veintitantos nietos fuimos pasando al día siguiente por el tanatorio. Todos llevábamos, imagino, a nuestra manera, nuestro dolor. En la comida nos sentamos en una larga mesa e hicimos un brindis por él, algo que le habría gustado de estar allí y no pudimos decir nada, pronto comprendimos que nada se podía decir entonces.

Yo luego pensé en algo que recordar, en algo que llevarme más allá de su muerte. Y me vio a la cabeza esta foto, que yo creía en color, este retazo de nuestras vidas, de la suya y de la mía. Los dos éramos más jóvenes y creo que la foto nos define muy bien, pero sobre todo nos dice muy bien quién era mi abuelo, cómo fue y es así como, más allá de los posibles excesos de su vida, deseo recordarlo.

Creo que mi madre, su hija, la mayor de los ocho hermanos ,estaría de acuerdo conmigo de leer esta entrada y ahora eso me conforta.

lunes, 22 de febrero de 2010

El circo de la mariposa de Eduardo Verastegui


A veces te devanas la cabeza sobre qué escribir, a qué dedicar tu atención, qué mirar de una forma nueva, si eso es posible, y a veces todo estaba más cerca, tan cerca, que estaba en ti. Unas notas a pie de página, el borrador de un cuento, el sueño de un sueño de verano. Y como una mariposa, la crisálida del deseo despliega sus alas hacia el acto mismo de la escritura.

Aquí la primera parte



Y aquí la segunda



Porque todos necesitamos alguna vez que nos lo recuerden.

domingo, 14 de febrero de 2010

Alma


Para algo nos sirvió cenar viendo la entrega de los Goya, aunque involuntariamente. De pronto aparece Pocoyó, uno de los héroes favoritos de Celia. Me pregunto qué pensará Nerea de estas cosas, pero es que Nerea es muy pequeña aún y sin embargo me mira como si supiera ya más cosas de las que es propio que sepa. Le regalé ayer, por ejemplo, un libro, un libro en forma de mariposa, con hojas de cartón que aleteaban mientras las páginas se abrían con dibujos coloreados y brillos de falsa plata. Estiró sus manos y tocó las imágenes y de pronto me miró con sus grandes ojos azules, fijamente, como buscando en mí algo, algo a través de mis ojos, como la niña Alma asomada al escaparate de la tienda de juguetes. Y me inquietó. Tan pequeña, me pregunto, cómo puede mirar así.

Estamos cenando mientras vemos la tele. Que sí, que no es muy cool, pero es muy hermoso, muy de verdad, de tarde de domingo, de locos que poco antes llaman a un amigo para saber si un pronombre era o no complemento directo, ahí estamos escuchando discursos ensayados y menos ensayados, gente feliz y gente que simula ser feliz y vemos Alma y me recuerdas lo que ya me habías dicho, que me habías comentado que te habían gustado las escenas de este corto que viste en el telediario.

Así que ahora, algo más tarde, me he asomado a este portal de internet, a este quicio del mundo y he tecleado "alma cortometraje" y ahora, después de verlo, te lo dejo aquí, basta con que pulses, un golpecito sobre mi ALMA, corazón mío.

martes, 9 de febrero de 2010

La increible historia del hombre desastrado


Lanzó las tristes redes de sus ojos oceánicos. Ella se quedó mirándolo durante uno segundos, con su cuerpo atenazado entre los aparejos.

Abrázame, le dijo, liberándola. Y ella lo abrazó.

Las ecuaciones se repetían en el reloj de pulsera. La comisura de sus labios era un enigma. Cómo, se preguntó, siendo feliz como era pudiera sentirse aún más feliz.

No sabrá nunca decirlo de otra forma, pero aquel cuerpo era el significante de un significado profundo y desconocido. Entonces ella tocó con sus manos las costuras de una cicatriz que era invisible. Debajo estaba su corazón.

Y de pronto empezó a palpitar.