miércoles, 12 de octubre de 2011

Estado de dignidad 6: vivir en el sinvivir del robo

(Maquilló los balances y se blindó con una pensión vitalicia de 370.000 euros
María Dolores Amorós: De directora general de CAM a "lo peor de lo peor"
Con absoluta desvergüenza, ella y los directivos 'saquearon' las arcas de la entidad
Periodista Digital, 02 de octubre de 2011 a las 10:04 )


Abro el periódico y dios mío, qué susto, esto se avisa. El horror ha llegado a un grado de explicitud en los medios de comunicación que a veces uno no sabe cómo defenderse. No puedo sin embargo dejar de mirar, es como esas escenas macabras que nadie quiere ver pero que al final tú terminas viendo a través de una ventana que se abre mágicamente entre los dedos de la mano izquierda que cubre tus ojos.

Lleva un bolso de hermés (¿existe eso?), una chaqueta oscura y las gafas de sol de los que quieren ocultar algo -es tan sólo un matiz, que estriba en el ángulo de las patillas, ligeramente caídas para ver de reojo a los que llevan las gafas, como es mi caso, simplemente por coquetería-. Es la fealdad terrible de lo inmoral (a las ocho y media de la mañana de un día cualquiera).

Me sorprende el monedero en las manos. ¿Irá a pagar algo o tal vez sólo a recoger las vueltas de una compra nimia, de esas que se pueden pagar con cash?

Entonces leo otra noticia y lo pienso. No sé si soy el único que piensa en estas cosas cuando pasa las páginas del periódico y dos noticias se enfrentan casi por azar, yuxtapuestas, pero ya no me engaño, el azar es algo que no siempre es azaroso y las yuxtaposiciones adquieren valores de relación. Si la Justicia se individualizara, pienso, y defendiera desde la honradez a los que no somos parte de ese banco ni de la junta de accionistas de asesores de ningún otro banco, a los que no formamos parte de ningún partido político o de una alcaldía ni tenemos fueros extraños, ni vamos cada mañana a trabajar a ninguna sociedad de inversores.

En Gerona la dación en pago, después de Navarra. No parece mucho, pero mientras esa sea la línea, la restitución de una idea de justicia imparcial, que aúne la inmoralidad de los directores y asesores de ciertas entidades con la ilegalidad de sus acciones, estaremos a un paso de la salvación y de la redención cada vez más desesperada de la condición humana.

Después de ponerme tan sesudo levanto la vista para cruzar a través de una maraña de coches que invade la calzada y luego paso la página del mismo periódico, que leo al precio de caerme cada mañana camino del trabajo, cada mañana uno diferente, y me entretengo con las necrológicas.

lunes, 10 de octubre de 2011

Estado de diginidad 5: Vivir del cuento


Si mi hijo me dijese un día, por ejemplo, a la hora del desayuno, que quiere ser político, le daría un bofetón, así, de forma impulsiva, sin pensarlo dos veces, porque de pensarlo no lo haría, seguro. Luego le pediría perdón, me lo pediría a mí también. No volveré a hacerlo en la vida. Tal vez nunca me perdone, hasta que un día su determinación lo lleve a conseguirlo. Entonces tal vez lo entienda y gane mucho dinero al precio de malvender su alma, porque estoy seguro de que su alma será muy grande y de que cualquier precio será pequeño para ella.

Después, ya más sosegados, le diré que lo único que deseo para él es que se gane la vida de forma honrada, que en el mejor de los casos busque el bien, propio o común, que a fin de cuentas y si no se pervierte el sentido de las palabras es lo mismo, que fuera médico o maestro, carnicero, barrendero, alicatador, oficios así, de esos que siempre han querido desempeñar los críos llenos de idealismo y de sueños. Pero político no, le diría. No, por favor. Sé linotipista, albañil, ingeniero, haz pan, le diré, construye ascensores, canta o haz reír y llorar (pero de gusto, hijo mío, de gusto).

Y todo esto lo acompañaría de un gesto cariñoso ya que el cariño es algo que siempre ha sido fácil entre nosotros. Ahora, por ejemplo, desordeno su pelo y lo abrazo mientras siento que su corazón empieza a perdonarme.

viernes, 7 de octubre de 2011

Estado de dignidad 4: El almuerzo del obrero.


A mi compañera Mariado.

Mi madre me explicó, con su santa paciencia, que si batía los huevos antes de pelar las patatas, como tú pelas las patatas que hasta te remangas los pantalones con tal de no mancharte, añadía, es muy probable que termines intoxicando a tus comensales, porque, añadía, una cosa es pelar patatas y otra muy distinta quitar las mondas, así, poquito poco, con esa cachaza que te dio dios, decía, porque de mí no la has sacado.

Luego fríe las patatas en abundante aceite, me indicaba, no seas tacaño que bastante tienes con ser funcionario. Que sepa, déjate esos aceites de girasol, las mantequillas, para otros menesteres, aceite de oliva, que huela, que crezca. Eso de que el aceite crezca, debo de reconocer, siempre me ha parecido algo muy curioso, cómo de pronto llena la sartén y chispea. Y cuando estaba en estas cosas, es decir, cuando me quedaba pesando en las musarañas, me llamaba, hijo, decía, escucha, y no se te vaya a ocurrir meter el dedo para ver si está caliente. Mi madre, como se ve, nunca ha tenido un exceso de confianza en mi sentido práctico.Huélelo, míralo.

Corta las patatas finas y no las quiebres con el cuchillo, que eso está bien para el estofado pero no para una tortilla. Llegado este momento, siempre me decía, marcando después un silencio valorativo (que como era un silencio se callaba para sí y que como era valorativo me miraba de arriba a abajo), tira los huevos esos que habías cascado y batido y saca unos nuevos. Ahora. Hazlo ahora. Y luego lo dejas todo que se haga a fuego lento. Sólo entonces tendrás una buena tortilla de patatas.

La verdad, después de todo, es que no he vuelto a hacer una tortilla de patatas en mi vida, pero de lo que sí puedes estar seguro es de que cuando en mitad de la mañana, cuando paro para desayunar, me llevo a la boca una tapa de tortilla con mi cerveza al lado, esté donde esté, siempre, siempre, me acuerdo de mi madre y de aquello que me dice al final, cuando me sonríe y me regaña, pero apiadándose de mí, con un pero tú no seas tonto, hijo, y vente a casa que como en casa no se come en ningún sitio y ya me encargo yo de la tortilla.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Estado de dignidad 3: El poder de no llegar a fin de mes


Me levanto todas las mañanas. Tal vez prefiriera levantarme por la tarde o simplemente no hacerlo, o desdeslevantarme, dar dos piruetas camino del baño y volver a dormir. Preferiría no hacerlo, dice Bartleby. Pero lo hago. Desayuno. Camino del trabajo oigo la radio mientras esquivo los coches y tal vez, si es viernes, compro el periódico, me detengo en el escaparate. Hago suposiciones sobre lo que veo, sospecho, barrunto. Luego, invariablemente trabajo unas horas, que podría dedicar a otra cosa, pero que afortunadamente, me digo, dedico a trabajar, porque a final de mes tengo que pagar el gas que uso para calentar el agua y ducharme y dormir de una forma lo suficientemente confortable como para poder levantarme al día siguiente e ir a trabajar de nuevo.

También al final de mes hago mis cuentas. Como todos (ay, ingenuo). Si me queda algo me alegro, revivo el cuento de la lechera y cuento con la paga extraordinaria de final de año para planear un viaje, comprar una mampara para el baño, joder, darme un capricho. Si no me sobra nada, lo que viene siendo costumbre, me siento algo culpable, tal vez debería salir menos, recortar en gastos, pensar más en eso que llaman ahorro, austeridad, que además, según no se sabe quién, dignifica, te hace fuerte y virtuoso.

¿Puede alguien provocar una crisis económica mundial así? La verdad es que me doy miedo, tanto poder concentrado, pero luego me relajo, respiro aliviado. Coño, me digo, menos mal que no me queda tiempo para provocarla.

Pero siempre hay alguien que se encarga, por medio de una serie de estructuras que condicionan nuestro pensamiento (perdón), de consolarnos. Se trata de alguien que te dice lo hermoso que es tener una hipoteca, dos hijos, y otro par de coches en el garaje. Alguien que se encarga de decirte lo especial que es despertarse un sábado por la mañana, algo más tarde que de costumbre, ver la luz de la ciudad que se despereza y sentir, nos dice, sentir que eso te lo has ganado tú, que ese descanso es tu ganado premio por las horas de trabajo.

Y pienso, en ese mismo sábado por la mañana, con los ojos legañosos aún, dios mío, qué terrible es la ironía.

lunes, 3 de octubre de 2011

Festival Fractal en Albacete

El viernes leo en Albacete, dentro del I Festival Fractal de Poesía de Albacete, que intenta aunar poesía, música, rap, fotografía, pintura y cine.

Aquí te dejo el programa y si puedes, allí nos vemos.



sábado, 1 de octubre de 2011

Estado de dignidad 2: Vivir de alquiler


Mi padre me lo tiene dicho. No te tires por la ventana que me dejas en la ruina, hijo. Hazte un seguro de vida, que luego me dejas una herencia de mierda y con lo difícil que es vender un piso, no quiero ni pensar lo que tiene que ser vender dos (ellos tienen un piso en venta con el que quieren sanear su jubilación), seguro que se lo queda el banco y de paso me rehipotecan el mío.

Me resulta curioso que al escribir este párrafo, el programa Word, que invariablemente se autoformatea mayúsculo, me subraye de rojo la palabra “rehipotecar” (otra vez), me da miedo su tenacidad, su empeño en negar las evidencias. “Rehipotequé mi casa”, le digo, para ponerlo a prueba, y de forma invariable aparece el subrayado de error.

La verdad es que también fue mi padre el que, siempre bienintecionadamente -el que diga lo contrario es que no conoce a mi padre-, me dijo que me comprara una casa, que me comprara una casa antes que un coche, que tuviera cabeza, que no malgastara el dinero en una época en la que uno era guapo y joven y le gustaba salir y vivir eso que Ricky Martin llamaba la vida loca. La verdad es que esto no se lo creerá nadie, me dice mi madre, hijo, con lo formalito que tú eres, a ti nadie te dijo que te compraras una casa, al contrario, hubo que frenarte, sosegarte para que pensaras las cosas un par de veces al menos.

¿Pensar las cosas?, joder, cómo iba yo a pensar las cosas si las viviendas estaban subiendo a un ritmo vertiginoso. Pero mi madre insiste en exonerar su no culpa. (Tengo que aclarar una cosa, antes de seguir. En mi familia decir padre o madre, o papá y mamá, como nosotros decimos, es invariablemente usar un plural. A partir de ahí se entenderá que diga padre o madre indistintamente. También es cierto que luego, por separado, cada uno tiene su individualidad y que es agradable constatarla, abrazarla, y que, claro, de esa individualidad también vengan los síndromes que tanto ama mi psicólogo y a los que tanto tiempo dedicamos. Paradójicamente a esas individualidades también las llamamos papá y mamá, pero aseguro que si prestas atención, hay algo diferente al decirlo, como si la consonante de la segunda sílaba si diluyera un poco, haciéndola más familiar).

Pensar las cosas. Pues eso. No seré yo, que tengo casa e hipoteca, quien te diga lo que tienes que hacer, pero, joder, piensa un poco las cosas. No siempre, me digo, lo que aceptamos como una verdad lo es, ni las verdades relativas ni mucho menos esas que conocemos como absolutas, si acaso tal vez las primeras tengan más entidad de verosimilitud. Si yo, pienso, viviera de alquiler ahora, tal vez tendría menos ataduras, podría moverme, cambiar, y a fin de cuentas, con una hipoteca a veinticinco a treinta años, quién es dueño de nada más allá de sus decisiones.

Para tan poco tiempo cuantas cosas nos procuramos.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Estado de dignidad 1


Ni macroeconomía, ni crisis mundial, si supra ni micro mercados, lo que realmente está en peligro es la dignidad del ser humano, algo que para la bolsa tal vez nunca haya existido o no como un valor al alza o tal vez sí y por eso estamos como estamos.

A partir de ahora este blog estará en lo que podríamos llamar ESTADO DE DIGNIDAD, de la dignidad humana. Prometo, en la medida en la que uno pueda no serlo, no ser demagogo y reconocer llegado el caso, que llegará, las equivocaciones. No te preocupes, que aunque me ponga serio -más serio- (hubo una chica que me dejó precisamente por eso, pero tú por favor no me dejes) no perderé el sentido del humor.

Obviamente entraré en el plano personal, porque se trata de una cuestión personal, no lo olvido, de dignidad personal. Y te invito a que participes, a que comentes o a que me envíes directamente un texto para que lo suba como entrada, a que me enlaces y a que si quieres y no te parece una chorrada (a mí posiblemente me lo hubiera parecido de haber llegado a estas alturas de una entrada ajena titulada así) declares también tu blog en estado de dignidad.

Me olvido por un momento de ciertas terminologías, olvido eso de la clase media, por ejemplo, olvido lo de la crisis del mercado, la "innecesidad" de la bolsa, la inflación, las regulaciones salariales. Aquí se trata de algo más sencillo. Se trata de ti y de mí, en concreto, y de lo que toca con nuestras vidas, de lo que somos, de si albergamos una esperanza, tal vez ser algo más que consumidores programados, algo más que un medio para el fin de la gran manzana, y lo más importante, me digo, de si sabemos todo esto o lo hemos, desgraciadamente, olvidado.