A veces me pregunto cómo empiezan las historias, dónde, en qué momento. A veces esta idea me atosiga, no en exceso, pero sí con esa constancia de las cosas que te acompañan durante toda una tarde con su peso liviano, un libro que no sabes dónde poner, las bolsas de una compra, el papel que no te atreves a tirar de ninguna manera a la calle.
A veces hay momentos en los que pienso, ¿y si no me doy cuenta? , ¿y si esa persona está ahí y pasa desapercibida?, ¿y si no sé interpretar sus gestos, sus palabras?
Es como en un poema de Eloy Sánchez Rosillo. Un muchacho mira desde la ventana de su habitación a una chica que pasea por la calle. Está indeciso, la observa. Ella pasa como en otra vida, como si la calle por la que transita no hubiera sido la misma calle por la que acabas de pasar tú, tal vez de vuelta de clase. E imaginas lo que podría suceder, lo que podría ocurrir entre vosotros si le dijeras algo, si tal vez chistaras o bajaras a la calle y te hicieras el encontradizo. Pero no haces nada y la chica se va y de pronto la noche cae con sus pesada carga.
A veces me pregunto cómo empiezan las cosas, dónde, en qué momento. Y sólo obtengo como respuesta el color de tus ojos y la extraña forma que tienes de decirme a todo que sí.
A veces hay momentos en los que pienso, ¿y si no me doy cuenta? , ¿y si esa persona está ahí y pasa desapercibida?, ¿y si no sé interpretar sus gestos, sus palabras?
Es como en un poema de Eloy Sánchez Rosillo. Un muchacho mira desde la ventana de su habitación a una chica que pasea por la calle. Está indeciso, la observa. Ella pasa como en otra vida, como si la calle por la que transita no hubiera sido la misma calle por la que acabas de pasar tú, tal vez de vuelta de clase. E imaginas lo que podría suceder, lo que podría ocurrir entre vosotros si le dijeras algo, si tal vez chistaras o bajaras a la calle y te hicieras el encontradizo. Pero no haces nada y la chica se va y de pronto la noche cae con sus pesada carga.
A veces me pregunto cómo empiezan las cosas, dónde, en qué momento. Y sólo obtengo como respuesta el color de tus ojos y la extraña forma que tienes de decirme a todo que sí.







