viernes, 16 de septiembre de 2011

Septiembre también


Fue ayer. Serían las cuatro de la tarde. El viaje desde Norfolk no había sido especialmente tedioso. La siesta envilece la conducción. Llegamos a la Torre derribada, donde los camaleones viven su paciente invisibilidad. Había oleaje. El mar había levantado una pátina oscura de algas. ¿Es el mar un camaleón? Y nos adentramos hacia el norte entonces.

Pasamos unas viejas casas frente al pequeño malecón que resiste al azul y al mar.

Como un guijarro, canto rodado, las olas nos zarandeaban.

Y no nos importó.

2 comentarios:

Dyhego dijo...

ANTONIO:
Tampoco me importaría a mí en lo más mínimo estar ahora mismo en ese malecón...
Salu2 acuáticos.

Jesús Bastida dijo...

Parece el inicio de una novela que nos deja con ganas de mas. Muy interesante. Saludos.